…Y MODERNO: ‘Tenemos que hablar’, de Kevin de Lynne Ramsay. Por HÉCTOR SANTIAGO

Sí sí, no cabe duda alguna, Tenemos que hablar de Kevin. Ningún cinéfilo de pura cepa podrá conformarse de manera exclusiva con su propia lectura de la  película sin sentirse impelido a compartir su mirada, a someterla al debate y el escrutinio con otras. Entre las diversas razones que orillan a un ejercicio de esa naturaleza está la de la complejidad que presenta la obra en cuestión. No se trata de un film maniqueo, donde la narración identifica a malos y buenos. Tampoco se propone distinguir causas y efectos. No es una obra que pretende explicar algo. Es una historia que interpela sin descanso a los espectadores. Encadena sucesos que en conjunto conforman una historia que estremece, sacude sin descanso, portadora de una violencia que se manifiesta tanto de manera explícita pero también implícita. Esa crueldad se percibe en gestos, miradas o silencios. Una película desafiante por los sucesos que narra pero, de igual manera, porque continuamente nos conmina a pensar en las razones, en los motivos de lo que ocurre. Es portadora de una violencia extrema que pocas veces obedece a reacciones momentáneas, ataques repentinos de furia o consecuencia de la ira. El hecho de que en general no sea el resultado de emociones extremas, tiene el efecto de comprometer al espectador para que él mismo busque en el entramado de la narración las razones de lo que sucede. Y quizás sea el propio modo de construir el relato, es decir, el hecho de que Eva, la protagonista, viva el presente y recuerde sin descanso ese pasado oscuro, hilvanando así la historia y de ese modo poder entenderla ella misma, lo que provoca simultáneamente la incorporación de los propios espectadores a ese mismo ejercicio de construcción y descubrimiento de la lógica del relato. ¿Y qué es lo que se fragua en Tenemos que hablar de Kevin? Se trata de la familia, de la interacción de padres, madres e hijos. Mucho antes, del embarazo, del deseo o no de la gestación, de las transformaciones de todo orden que genera esa circunstancia en la mujer. De lo que puede percibir el ser que anida en el útero. También de sentirse o no deseado, querido. De miradas de unos y otros, de conductas que se aprueban y aquellas otras que se descalifican.  Del crecimiento y la afirmación de la personalidad. La incomunicación familiar. Del poder afectivo y el sometimiento de aquellos que nos rodean. También de la sobreprotección y de la recíproca mirada inquisitiva. De los que se preguntan y también de aquellos que tienen las manos llenas de respuestas. De hablar o evadir los temas más controversiales que suscita la interacción familiar. Y también del mundo exterior, cuando afectado por ciertos acontecimientos se convierte en tumulto y en consecuencia en poder condenatorio, con derecho al agravio y más aún, de arrogarse facultades para poder ejercer la violencia contra aquellos que consideran responsables directos o indirectos de hechos punibles. Cortinas que se mueven y en su ondular muestran y ocultan. Tomas cenitales de una muchedumbre con torsos desnudos que se mueven en un piso líquido de tomates. En esa multitud una mujer es alzada y sumergida, una y otra vez, en una especie de río de un rojo sanguíneo que rodea a los asistentes. Ella misma, descubre su casa y su coche pintarrajeados de ese mismo color. Una cámara que elige los planos para acercarnos. Travelling que siguen a Kevin en la casa, a Eva cuando camina por el supermercado o cuando se dirige a la zona desde donde las patrullas aturden con sus sirenas, llegan, parten y una multitud grita, llora y y se azora ante el dantesco espectáculo. Primeros planos con detalle de una mesa y el suelo, suficientes para mostrarnos los estados de ánimo. La abundancia de ciertos colores en sillas, recipientes, ropas, luces, alimentos, árboles, puertas, que hablan insistentemente de la naturaleza del relato. Una cámara que registra lo imprescindible para la historia.  Una fotografía generosa de sentido. En la narración se mezclan el presente y constantes flashbacks del pasado familiar. Esa permanente simbiosis de los tiempos genera y soporta el desarrollo de la historia, alimentando más y más el suspenso, haciéndolo cada vez más ominoso. Un progreso narrativo perturbador, un avance del relato que nos permite imaginar lo que vendrá pero que bajo ninguna circunstancia queremos que ocurra. Ramsay no da tregua. Y mucho menos reserva para el espectador zona alguna de confort.

Ver en FILMIN: https://www.filmin.es/pelicula/tenemos-que-hablar-de-kevin

Ver en Movistar Club: http://www.movistarplus.es/ficha/tenemos-que-hablar-de-kevin?tipo=E&id=1005435

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