MIRADAS SECUENCIALES: “Todos queremos lo mejor para ella”, de Mar Coll. Por RO INIES

Mar Coll dirige en 2009 “Todos queremos lo mejor para ella” (“Tots volem el millor per a ella”), presentada en la Seminci (Semana de Cine de Valladolid).  Después de “Tres días con la familia”, Coll nuevamente construye una historia dentro del núcleo familiar de la sociedad burguesa catalana insatisfecha. Geni (Nora Navas), una exitosa abogada, está recuperándose de una lesión en la pierna tras un accidente automovilístico, que le impide trabajar y desempeñarse como hasta hace un año atrás. Su marido, Dani (Pau Durá, también conocido por su papel en “Merlí”) la sobreprotege, algo que Geni soporta cada vez menos.

Como en “Mon Roi” (Maïwenn Le Besco, 2015), la protagonista (Emmanuelle Bercot) sufre un traumatismo a causa de un desequilibrio anímico y mental, una depresión, una crisis de los cuarenta. La renguera física representa la renguera emocional. Todo se derrumba. Mantiene las apariencias con su marido, con su padre y sus hermanas. Pero a medida que contemplamos sus acciones, nos percatamos del desequilibrio y la incomodidad por la que Geni está transitando desorientada, perpleja y torpemente. Todos a su alrededor buscan mantenerla a flote, aportando indefectiblemente su cuota de neurosis, que dota al relato de una comicidad fina y delirante. La realidad es que todos a su alrededor buscan estar en paz, pero tampoco les importa demasiado el dolor de Geni.

El intempestivo reencuentro con Mariana (Valeria Bertucelli) en una entrevista laboral grupal

hace que las amigas rememoren viejos tiempos, en los que planeaban viajar por todo el

mundo y vivir libres, sueño truncado por la muerte de la madre de Geni. Ella jamás pudo

aventurarse pero Mariana sí. En el aire se intuye una mezcla de emoción, frustración y

envidia hacia su amiga. Durante unos días se vuelven inseparables y el panorama de Geni

se aclara. Pero como esto es una comedia de situaciones sinsentido, poco puede durar, los

planes se cancelan y todo vuelve a empezar. Coll decide darle un final abierto a este

contundente relato, que entretiene y desencaja al espectador a partes iguales. Navas

despliega magistralmente su registro dramático.

El espectador se convierte en acompañante del recorrido de Geni frente al panorama laboral, a su minusvalía física y a la incomprensión por parte de su entorno más cercano. Si cambiamos algo, ¿seguimos siendo los mismos? Coll afirma: “La respuesta no importa. Lo relevante es la argumentación. Lo que dibujas cuando exploras algo”.

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