EL BUSCÓN: ‘Las máscaras de Gilgamesh’ (III). Por Isaac Morales Vargas.

Una virtud esencial de la Comedia, de Dante Alighieri, es su pretendido carácter testimonial. Se supone que la obra es el producto de una grande y arrebatadora visión del autor, bien porque la hubiera experimentado en un sueño, bien porque su espíritu hubiera atravesado un viaje místico. En todo caso, ese maravilloso juego entre ficción y realidad implica un inevitable desdoblamiento: el autor Dante frente al personaje Dante. Se sabe que uno y otro fueron tomados como un único sujeto en vida del propio Alighieri. Éste feliz engaño dice mucho, por un lado, del altísimo grado de verosimilitud del poema, y por el otro, de la ingenuidad de algunos lectores. Ahora bien, al proponerme hallar elementos que permitan identificar al arquetipo de Gilgamesh en la obra italiana, me encuentro con que es imposible ofrecer una lectura completa sin tener presentes a los dos Dantes, el histórico y el ficticio. Así pues, confrontemos uno y otro, y por partes.

Empecemos con el personaje Dante. Concebido unos 2200 años después que la primera versión del Poema de Gilgamesh, no es raro que presente similitudes y diferencias notables con respecto al héroe babilonio. Veamos cuáles son.

  • Similitud N° 1: El héroe protagoniza una historia épica

En el poema mesopotámico, Gilgamesh intenta luchar contra la mortalidad. En la obra dantesca, el personaje quiere imponerse sobre su naturaleza pecadora y alcanzar la perfección espiritual. Ambas operaciones pueden ser entendidas como verdaderas hazañas, más allá del fracaso o éxito de cada una de ellas. La gran distancia temporal, geográfica y cultural entre los dos relatos no hace sino acentuar una verdad: la pasión por desbordar la propia humanidad sigue siendo el tema central de los grandes cantares.

  • Similitud N° 2: El héroe hace un viaje al fin del mundo

Gilgamesh marcha hasta la morada de Utanapíshtim, ubicada sobre las aguas del Océano Cósmico que marcan el fin de la tierra. El personaje Dante atraviesa todo lo que existe, no solo en un plano físico, sino también en una dimensión espiritual; primero, cruza la antesala del Limbo y los nueve círculos del Infierno, lo que es sinónimo de traspasar el planeta de parte a parte, desde su hemisferio boreal hasta su hemisferio austral; después, escala los siete círculos del Monte Purgatorio, lo cual implica un ascenso de tipo topográfico y místico, pues con ello consigue llegar al Paraíso Terrenal, que no tiene una ubicación geográfica determinada; finalmente, desde el disco más externo, se desplaza progresivamente hasta el corazón de los nueve cielos concéntricos, en donde está Dios. De ese modo, la civilización mesopotámica y la medieval europea consiguen representar en dos obras literarias distintas un mismo tema: el del hombre que alcanza los límites de su capacidad corporal y del mundo material.

  • Similitud N° 3: El héroe obtiene la sabiduría total

Los siguientes versos iniciales de la epopeya babilonia podrían anteceder perfectamente al poema de Dante:

Quien vio el abismo, fundamento de la tierra

(…) fue quien todo lo supo;

Quien, a la vez, investigó lo oculto

Dotado de sabiduría, comprendió todo,

Descubrió el misterio, abrió el conducto

De las profundidades ignoradas

Y trajo la historia…[1]

A lo largo de su viaje, el personaje Dante lo ve todo y lo aprende todo. Cada estadio de su larga travesía consiste, entre otras cosas, en dialogar o escuchar las palabras de uno o varios personajes que tienen algo que enseñarle. En el Infierno, los condenados le advierten sobre el peligro de llevar una vida pecaminosa. En el Purgatorio, los penitentes le muestran la grandeza de la misericordia divina, que les es dispensada sin merecerlo. En el Paraíso, los bienaventurados le instruyen en los conocimientos humano y divino para llevarlo a la plenitud existencial.

Ahora bien, no solo es interesante el hecho de que los héroes llegan al conocimiento total de la realidad en ambos poemas, sino que transmiten su sabiduría a otros a través de la escritura, y de la escritura en versos rimados. Es decir, que se concibe a la poesía como una vía para alcanzar la sabiduría, algo muy característico, por cierto, de las sociedades de la antigüedad.

Vistas las similitudes entre los dos mitos, examinemos ahora en qué se diferencian.

  • Diferencia única: La relación del héroe con la divinidad

Gilgamesh es impedido por los dioses de hacer su voluntad. Pues bien, con el personaje Dante sucede precisamente lo contrario: es la divinidad quien le encomienda hacer el viaje que habrá de llevarlo a la perfección ética. Ésta cualidad del poema dantesco, tan patente en las literaturas europeas medievales, se percibe claramente en tres aspectos fundamentales.

  1. A Dante le son dados dos guías en su larga travesía

Mientras Gilgamesh, por una gran casualidad, convierte a su enemigo en amigo, y luego debe sobrellevar la pérdida de éste, Dante tiene la bendición de ser conducido por dos guías sabios: Virgilio y Beatriz. El primero, para conducirlo a través del Infierno y del Purgatorio. La última, para dirigirlo a través del Paraíso. Ambos personajes, por lo demás, no actúan como meros instructores; Virgilio, en muchos episodios, cuida de Dante como si se tratara de su propio hijo, su amigo entrañable, su discípulo de la poesía y de la vida. Beatriz, por su parte, dispensa su beatitud y su amor a Dante como lo haría una Virgen hacia su protegido.

  • La divinidad protege y acompaña a Dante permanentemente

A pesar de que roza el peligro en todo momento, Dante jamás llega a verse ultrajado o herido por ellos. La protección más inmediata viene de Virgilio (pues en el Paraíso no hay amenazas) que le previene con sus prudentes consejos y con sus acciones. Pero también la divinidad, por intermediación de Beatriz en el cielo, mantiene una cobertura continua sobre el héroe para que nada le pase. En teoría, un lector podría verse fácilmente tentado a desconfiar de las adversidades que rodean al personaje, algo así como lo que suele ocurrir con las malas películas de acción hollywoodenses, en las que el espectador sabe, durante toda la cinta, que el protagonista saldrá completamente ileso. Pero no ocurre así en la obra de Dante. El autor posee tal maestría narrativa que de todos modos hace que el lector sienta miedo por el héroe. Y esto es, además, lo que distingue a una aventura épica de un paseo turístico.

  • Dante tiene éxito

Si la consecuencia inevitable de adversar a la divinidad es el fracaso, el único resultado posible de contar con el favor del Todopoderoso es el éxito. Y en este punto la obra de Dante es única, pues ningún otro de los héroes (o antihéroes) que veremos en esta serie de artículos goza de tal suerte. De hecho, si expandimos un poco más nuestros horizontes y ubicamos al personaje en un panorama más amplio, notaremos que son realmente pocos los caracteres que finalmente alcanzan su objetivo. Acaso el virgiliano Eneas y el bíblico Job son los únicos otros a salvo de la ley del fracaso.

Próximamente, terminaremos nuestro examen de la Comedia dantesca procurando identificar los elementos arquetípicos de Gilgamesh pero no solo en la obra, sino (y esto es lo más raro y sorprendente) en el propio autor.


[1] Tablilla I, columna i, vv. 1-2, 3-7a

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