RINCÓN CINÉFILO: ¿Cuál es la labor del Crítico de Cine?. Por MAXIMILIANO CURCIO

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“No hubo ninguna época creadora que no haya sido a la vez una época crítica, pues es la facultad crítica la que inventa nuevas formas la creación tiende siempre a repetirse a sí misma. Por eso debemos el instinto crítico a cada nueva escuela que aparece, a cada nuevo molde que el arte encuentra a mano. Sin la facultad crítica no hay creación artística posible digna de tal hombre. Pero la crítica es también un arte y así como la creación artística implica el ejercicio de la facultad de crítica -sin la cual no podría existir realmente-, la crítica puede decirse que es creadora en el más alto sentido de la palabra y suele ser más creadora que la creación. El crítico es quién presta a la obra de arte sus significados y nos la hace maravillosa, colocándola en una nueva relación con la época de manera tal que entre a formar parte de nuestra vida y se convierta en un símbolo de lo que más ardientemente deseamos”

– Oscar Wilde, “El Crítico como Artista”, 1890.

La crítica cinematográfica consiste en un ejercicio evaluativo que pretende examinar una obra de forma pormenorizada para determinar su valor con relación a un fin y es por ello que posee la doble función de informar y de evaluar. Heredera de la crítica teatral, la crítica cinematográfica nació de forma espontánea en periódicos y revistas en los albores del siglo XX, cuando el lenguaje cinematográfico era apenas una novedad. En aquellas tempranas instancias, los periodistas se limitaban a hacer crónicas de las novedosas proyecciones en la gran pantalla, convirtiéndose – quizás sin quererlo- en un eslabón intermediario e imprescindible entre el espectador y la película, contribuyendo a la promoción de esta última.

En determinados momentos de la historia del cine, la crítica ha gozado de un protagonismo preponderante, como sucediera en la década del ‘60 gracias a la fundamental revista Cahiers du Cinema, donde se encontraban críticos de gran estirpe como Jacques Rivette, Jean-Luc Godard, François Truffaut o Eric Rohmer, quienes terminaron convirtiéndose en directores generando el movimiento de la Nouvelle Vague, uno de los hitos más importantes de la historia del Séptimo Arte. No obstante, existió una notable figura que precedió a todos ellos: Ricciotto Canudo,  la primera persona interesada en reflexionar sobre la especificidad del cine, un tema que preocupó a todos los teóricos durante la primera mitad del siglo XX.

A partir del furor suscitado por el Manifiesto de las Siete Artes -publicado en 1911 y piedra fundacional del cine-, el tono místico empleado por el teórico italiano resultó un punto de referencia ineludible para comenzar a pensar el nuevo arte de un modo más serio. La mirada entusiasta de Canudo acerca de las bondades del nuevo descubrimiento es continuada por Louis Delluc, un crítico y director que va a desarrollar un concepto que su predecesor había delineado: la fotogenia. Este término alude a un aspecto poético de los seres que el artificio cinematográfico puede captar como ningún otro. Es virtud de la fotografía, y en consecuencia el cine, revelar de un modo privilegiado esta cualidad estética presente en el mundo y las cosas que en él habitan. Al conjunto de procedimientos que permiten captar esta fotogenia se lo conoce como ‘visualismo’ y sus principales elementos son cuatro: el decorado, la luz, el ritmo y el rostro del actor. De esta manera, y como puede entenderse, el desarrollo teórico del lenguaje comenzaba a volcarse firmemente hacia la imagen.

Partiendo de que la esencia cinematográfica radica en lo visible, esta orientación teórica será continuada por Germaine Dulac, una teórica francesa cuya hipótesis central de trabajo es que la génesis del cine está dada por el movimiento, retomando ciertas líneas argumentales prefiguradas por Canudo, quien aseguraba que el cine poesía una cualidad exclusiva y que ello la desligaba de cualquier otra manifestación artística. Estos desarrollos teóricos fueron alentados por el deseo de estos intelectuales en legitimar al cine como arte, ya que en su etapa inicial era considerado un entretenimiento menor (un espectáculo de feria) en relación con las artes tradicionales. Siendo del cine un instrumento valioso capaz de revelar lo abstracto e incomprensible, la profundidad de esta línea de pensamiento caracterizaría el trabajo otro teórico fundamental en aquellos años ‘20: Jean Epstein, autor en la revista modernista “L’Esprit Nouveau”.

Las primeras corrientes de análisis de films nacen en los años ‘30 y trataban de comprender qué valor tenía cada uno de los elementos que formaban parte de una película en particular para luego, a partir de esa muestra, analizarlas en conjunto. Buscando nexos entre sí que intenten discernir el uso de la forma y el contenido en el arte cinematográfico, se pretendía establecer relaciones entre cada una de las películas con el resto de universos de films posibles, aplicándose una temprana noción de género para describir una serie de fenómenos o etiquetas que sectoriza a una serie de films de acuerdo con un discurso específico y un público destinatario en común. De esta manera, descubrimos que la temprana crítica cinematográfica intenta encontrar respuestas específicas de un arte a través del recorte de varias obras, explorando las profundidades del joven arte. Indefectiblemente, el cine iba camino a su primera especificidad teórica apenas transcurrido su primer medio siglo de vida.

Hasta entonces la crítica tendía hacia un carácter meramente instrumental: el crítico era un espectador privilegiado que poseía autoridad para juzgar la calidad de las películas. De esta forma los medios de comunicación se encargaban de transmitir al lector cuáles eran los valores significativos de un film, partiendo de un análisis de aquellos factores que resultan más relevantes para justificar la mentada toma de posición en la búsqueda de que el receptor (espectador) se identifique con ésta. Expresado lo cual se deduce que la crítica es en sí una demostración de porque tal film merecer la pena visto o no, bajo una hipótesis justificable.

La crítica cinematográfica es considerada como un género del periodismo cultural y este enfoque se constata en la obra de Jorge B. Rivera, quien afirma que ‘según la visión clásica que la crítica se propone, la exégesis del sentido de la obra y el establecimiento de un juicio de valor sobre ella, más la interpretación y la estimación con toda la cautela que impone la subjetividad de lo valorativo’ (El periodismo cultural, 1995). El poeta, ensayista, crítico, periodista e investigador amplía esta noción diciendo que la ‘crítica es una lectura profunda o perfilada que descubre en la obra cierto inteligible y en esa verdad descifra y participa de una interpretación’. En el mismo sentido, Roland Barthes se adelantaba a esta afirmación, mientras afirmaba en Crítica y verdad, Siglo XXI (1966): “La crítica es una lectura profunda (o mejor dicho, perfilada); descubre en la obra cierto inteligible y en ello, es verdad, descifra y participa de una interpretación. Lo que hace la crítica es desdoblar los sentidos, haciendo flotar un lenguaje por encima del primer lenguaje de la obra, es decir, una coherencia de signos”.

Originariamente, la crítica de arte había nacido del periodismo cultural -tal como manifestaba Rivera- proliferándose en el siglo XIX y su vocación constituía en ser crónica de la realidad. Ante lo cual y dado su valor instrumental, la crítica cinematográfica se erigía como una guía o herramienta que permitía elegir cuál era el film próximo a estrenarse más recomendable de ver. Pronto, se descubriría que su intención debería ir más allá que el mero afán utilitario. Luego de estos comienzos primitivos, adecuándose a la novedosa aparición del cine sonora y ya esbozadas las principales teorías narrativas cinematográficas que dominarían el estudio del lenguaje, la prensa especializada comenzó a acercarse al trabajo de los cineastas con una mirada más profunda.

A mediados de los años ’40, el periodismo ligado al cine se inclinó hacia un modo de estudio académico, fijando un eje intelectual que cobraría forma una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Producto de su constante transformación y semejante acontecimiento histórico, el séptimo arte experimenta algunos cambios radicales que atañen a sus posibilidades técnicas y, a través de ellas como instrumento, impactan en la concepción de una nueva forma de pensar al arte desde la realización y la crítica. En este sentido, resulta fundamental la labor de Alexandre Astruc, conocido por desarrollar la idea del camera-stylo,​ contribución seminal a la teoría de autor y fundamento de la futura Nouvelle Vague francesa. En un artículo de la revista ‘L’Écran français’, publicado en 1947,  el escritor francés aseguraba que “el director cinematográfico debía filmar con su cámara otorgando a su mirada personal el mismo trazo singular que un escritor lograba con su pluma”. Una noción completamente nueva había nacido.

Figura insoslayable del pensamiento crítico moderno, Andre Bazin se convertiría en el primer crítico cinematográfico que instaurará un pensamiento teórico, siendo pionero en establecer la especificidad del cine según una ‘noción de realismo’ que estudiará de forma pormenorizada a través de sus cuantiosos escritos. Bazin busca la ‘cualidad ontológica’ del arte cinematográfico y para este auténtico adelantado el cine es un ‘arte realista’. Para este autor, a diferencia de otras artes representativas, el cine no reproduce la realidad sino que la muestra agregando la dimensión temporal. El director tiene el poder de manipular espacio y tiempo y, así, la imagen fílmica se convierte en un registro de la realidad como valioso documento. Según el crítico fundador de la revistas Cahiers du Cinéma, este mecanismo nos permite identificar como creíble aquello que sucede en pantalla, de manera que cada film trata de reconstruir ese verosímil a través de la óptica personal de cada autor, quien nos revela tantos mundos posibles como miradas existan.

La teoría cinematográfica, como método de estudio, nos brinda herramientas y perspectivas a la hora de evaluar una película (un recorte del espectro), facilitando nuestro trabajo de análisis. Si toda mirada está determinada por el lenguaje que aborda, todo aquello que el crítico infiera sobre de una película siempre va a estar mediatizado por alguna teoría que solventará las bases de su perspectiva individual. La crítica sustenta su hipótesis bajo la cual establece un juicio de valor y este procedimiento reflexivo -bajo el peso de la propia subjetividad- constituye el fin último de la práctica de la crítica cinematográfica. Una lectura crítica generará una idea a su alrededor y discutirla se justifica. Es el análisis crítico el que provee las pruebas para sostener la opinión que tenemos de un film.

La corriente crítica impulsada por Bazin hacía mención a que el análisis persigue un motivo que excede la mera descripción de los elementos que lo constituyen: la pregunta que debemos hacernos como críticos para comprender cabalmente una película es ‘para qué’ tal o cuál elemento tiene presencia en la obra. En última instancia, importa saber ‘porqué’ el director dispuso de tal elemento de determinada manera como indicativo de que dicho instrumento portará un mensaje implícito en la obra, como vehículo a descubrir posibles significados. La inquietud acerca de estos mecanismos de análisis nos permitirá extraer un sentido global del lenguaje cinematográfico. El significado no es otra cosa que aquello que representa su constitución: la mirada personal de cada autor. Acerca de los diferentes elementos que lo componen, resulta primordial saber cómo éstos se relacionan y cual es su sentido, tal es el fin que la crítica debe perseguir.

Resulta preciso aclarar que la definición de la crítica cinematográfica es conflictiva y no se encuentra ajena de discusiones. La crítica norteamericana Pauline Kael afirma: ‘considerar la crítica como un arte’ (1963), por el contrario el crítico y teórico V.F. Perkins asegura que: ‘una teoría crítica puede asemejarse en algunos aspectos a una disciplina artística, aunque de ningún modo son lo mismo’ (El lenguaje del cine, V.F. Perkins, 1990). Como puede verificarse, las posiciones de los críticos frente a su propia misión son de una gran diversidad, lo cual complejiza el análisis. No obstante y más allá de los parámetros establecidos para considerar la función que cumple un escrito sobre cine, la discusión sobre el conjunto de normas que regula a la profesión del crítico se traduce en unas líneas escritas por el mencionado Perkins, quien afirma que ‘un juicio crítico sólo tiene valor cuando a su vez puede ser criticado y puesto a prueba por la experiencia y las percepciones de los demás’ (El lenguaje del cine, V.F. Perkins, 1990).

Sucede que la retórica del film plantea una respuesta personal a la percepción de los modelos o principios organizativos de un film y jamás será unívoco. Perkins, un estudioso de la obra de Alfred Hitchcock, continúa su análisis proponiendo que ‘las afirmaciones de los críticos se basan en la integridad crítica y en la honestidad intelectual en cuanto a la naturaleza provisional de su juicio, puesto que éste no debe dudar en mantener su juicio mientras sea defendible’ (El lenguaje del cine, V.F. Perkins, 1990). Lo que plantea el escritor de origen británico es que el deber crítico, en definitiva, debe responder a normas claras, precisas y consistentes, aplicadas de un modo perceptible. 

Lo valorativo que constituye a la crítica cinematográfica implica siempre subjetividad y a su lectura se sucederá una interpretación y una estimación íntima en el lector, requiriendo una apreciación profunda sobre el lenguaje en pos de descifrar una verdad implícita, escondida. De esta manera, transmitiremos al espectador cinéfilo una respuesta de percepción personal sobre tantos sentidos posibles respecto a los mecanismos de comunicación estéticos de un film. Es por ello que la crítica también se convierte en formadora de espectadores activos. Finalmente, la crítica debe comprender la película y guiar al público a descifrar sus significados ocultos.

Referencias:

-Enrique Pulecio, “El cine. Análisis y estética”

-El Cine. Larousse. Historia del cine. Técnicas y procesos. Géneros y personajes. 100 grandes películas.

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