COLUMNA DE OPINIÓN: Artes visuales, un territorio en disputa. Por MAXIMILIANO CURCIO

Una invitación a recorrer a las Bellas Artes de Europa y EUA de los siglos XIX y XX nos permite apreciar movimientos, vanguardias y artistas a la luz de los problemas plásticos más relevantes del momento. Esta ocasión, ante todo, se nos presenta como la inquietud de releer los paradigmas clásicos del arte con una mirada reflexiva, para develar ¿otra Historia del Arte¿ que ha estado creciendo más allá de los grandes relatos constituidos.

Si hablamos de ‘El Arte de la Reglas’, indefectiblemente, nos referiremos al Neoclasicismo del Siglo XIX; al Romanticismo y su conjunción de Mitología, religión y realeza; a los géneros como el Paisaje y el Retrato.

Si mencionamos al ‘Arte roto y que rompe’, será menester indagar en las principales vanguardias, cuya huella seminal se ubica a fines del siglo XIX: Cubismo, Expresionismo, Impresionismo. Coincidiendo con el final de la Belle Epoque y la primera oleada de vanguardias de los años ‘10/’20, si exploramos nexos entre Arte y Literatura, apreciaremos el Surrealismo y si rastreamos confluencias entre Arte y política tendremos que hablar de Dadaísmo y Futurismo.

Cuando pensamos en un ‘Arte que busca’ estamos haciendo mención al Arte de la anti forma, el Land Art de Robert Smithson y el arte corporal. También a las Performances y el arte conceptual, fenómenos que acompañaron la vertiginosa transformación que el arte sufrió a mediados del siglo XX y que nos habló del lugar histórico y social que ocupaba el hombre de su tiempo, habitante de un mundo convulso y fragmentado.

La segunda oleada de vanguardias producida entre los años 1945-1970, coinciden con el inicio del período de posguerras, la llamada ‘Diversidad’ en el arte contemporáneo y el ápice de la contracultura hippie. Entre poetas beatnkis, el apogeo del flower-power, el rock and roll y las protestas sociales, la transgresión se apodera de las Neo-vanguardias. Un espíritu revolucionario acopia las nuevas tecnologías. Renace el Arte del Graffiti, que se complementa con el arte activista. Surgen los Artistas del cuerpo y el término ‘Espectador/a-Consumidor/a’ cobra una nueva dimensión bajo los designios del relato posmoderno. ¿ Todo vale a la hora de hablar de arte? 

Allí donde hay un quiebre, está el artista pronunciándose acerca del espíritu de su tiempo. Allí donde existe un conflicto, está el artista para transgredir los paradigmas. Allí donde es posible una mirada sensible acerca del mundo circundante, está el arte para manifestarse como un fidedigno traductor del espíritu de los tiempos.

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