MIRADAS SECUENCIALES: “Ojos Negros”, de Marta Lallana/Ivet Castelo. Por RO INIES

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“Ojos Negros”, ópera prima de Marta Lallana e Ivet Castelo (co-escrita junto a Iván Alarcón y Sandra García), es su proyecto de final de carrera de la Universidad Catalana Pompeu Fabra. Se trata de un coming of age con todos los elementos del cine clásico pero desde una mirada actual frente a las relaciones de los adolescentes y las figuras de autoridad.

La secuencia inicial encuentra a Paula (Julia Lallana), de catorce años escuchando discutir a sus padres, entre asustada y resignada. Finalmente la madre logra su cometido: que Paula vaya a pasar sus vacaciones al pueblo de Ojos Negros (Teruel) con su tía y su abuela, a quienes apenas conoce.

Al comienzo del verano, Paula tiene su primera regla y la esconde con vergüenza. La vida en el pueblo es calurosa y sin amigos, tediosa. A través de sus ojos observamos cómo es el ritmo, tan diferente al de la ciudad. Cómo habitar los espacios familiares y a la vez, desconocidos.

Su tía Elba (Anna Sabaté) es algo estricta. Tiene una pareja que, si bien busca agradar a Paula, no lo consigue del todo. Su abuela apenas la recuerda, la confunde de a ratos con su madre, que abandonó el pueblo muy joven. Sin embargo, su relación abuela nieta es tierna.

Alicia (Alba Alcaine), una chica de su edad que siempre va a veranear al pueblo, se convierte en su aliada ese verano y compañera de aventuras. Su amistad es tan intensa que comienzan a padecer su distanciamiento antes de tiempo. Ambas aprenden que dejar ir a personas que amamos es también parte de la vida.

Las figuras masculinas apenas aparecen y no de manera benevolente. El padre de Paula, sólo en voz en off autoritaria, la pareja de la tía, como una amenaza, un enemigo, un desconocido. Poco es verbalizado y allí está la valía. El punto de vista de Paula nos traza un mapa de relaciones e impresiones que, aunque quizá sean distantes, están allí y debemos convivir con ellas.

La puesta en escena destaca por su austeridad, su sencillez en la fotografía. Se trata de un retrato intimista de un período esencialmente confuso. Hay conexiones ineludibles con ‘Los cuatrocientos golpes’ (1959), de François Truffaut, ‘Cría cuervos’ (1975), de Carlos Saura o ‘Verano 1993’ (2017), de Carla Simón. Si bien son tratados desde diferentes puntos de la niñez, todos estos films sintetizan la ruptura de la etapa más inocente a una más inevitablemente reflexiva.

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