COLUMNA DE OPINIÓN: Arte Contemporáneo, ¿llegó la liberación del artista y su obra de arte?. Por NATALIA RUOCCO

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Con la llegada de la Globalización Cultural, posibilitada por el avance de las tecnologías de la comunicación, parece posible el logro de la libertad del arte, puesto que el artista ahora es capaz de crear y proyectar conceptos a través de formas sumamente radicales como, por ejemplo, performances, objetos cotidianos expuestos con toda una carga de sentido social y humano que pocas veces es interpretado por el público como una obra de arte. Se trata de obras que, en apariencia, podrían haber sido realizadas por una persona que no es artista, abordan elementos que parecen ser entendidos solo por los críticos del arte y tratan temas que antes el artista no imaginaba exponer, como por ejemplo el uso de la tecnología en sus producciones…

Y entonces, si en el Arte Contemporáneo casi todo es posible, ¿podemos prescindir del artista? ¿podemos decir que la obra de arte “habla por sí sola”, como lo plantea el personaje protagonista de la película “El Artista” (Coproducción Argentina – Italia – Uruguay, 2008)?. Si la Obra de Arte hablara por sí sola, deberíamos preguntarnos si es necesario conocer a su autor, es decir, al artista, y si es necesario que exista un público que la interprete. Y en tal caso, ¿podría existir la obra de arte como tal?.

Una obra de arte, para ser considerada como tal, no puede prescindir de tres instancias: el artista, la obra de arte y el público. El artista, expone Muñoz Martinez (2006), es “esa subjetividad creadora que es capaz de crear (arte) de sí mismo”. El artista se mueve por una necesidad interior que lo inspira a expresar aquello que es objetivo, a partir de una mirada propia y a través de la cual crea una obra y produce cultura. La Obra, por su parte dice Muñoz Martinez (2006), es aquella creación artística que surge de la conjunción entre el artista (dimensión subjetiva) y la realidad (dimensión objetiva). Una verdadera obra de arte, afirma Oscar Wilde (2012), debe revelar el arte y ocultar al artista. A lo que Gombrich (1993) respondería que “No existe realmente el arte. Tan solo hay artistas.”

Ahora bien, el resultado final que es la Obra de Arte propiamente dicha no esta completa si no hay alguien que la mire, que la contemple, que la interprete -el público o espectador-. El espectador, dice Oscar Wilde, es quien refleja realmente el la obra de arte. Por lo tanto, dice Dino Di Formaggio : “El arte es todo lo que el 1 hombre llama arte”. Cabe preguntarse aquí, ¿a qué hombre se refiere Dino Di Formaggio? ¿Un crítico, un curador de arte o un “hombre común”? ¿Ese hombre es libre, es objetivo, o esta condicionado por su cultura, sus ideologías, la política, el mercado?. Lo cierto es que el arte es una creación cultural y al artista es un hacedor de cultura, por lo tanto, para que una obra de arte pueda ser llamada como tal, la obra de arte debe ser mirada no solo por los especialistas, como los críticos y curadores del arte o por otros artistas, sino que debe poder ser leída por toda la comunidad. Y aquí, tanto el crítico de arte como el curador, poseen un rol fundamental. Ambos deben procurar ser mediadores entre el artista, la obra de arte y el espectador, de manera tal que el arte pueda democratizarse, lo cual no es lo mismo que popularizarse.

El arte no debe perder su valor como tal, no debe popularizarse, sino que, más allá de que se entienda o no, el arte debe poder invitar al espectador a reflexionar, a abrirse a nuevas miradas. A veces una obra de arte se presenta como carente de sentido, pero es todo lo contrario, está poderosamente cargada de valores, de ideas, de conceptos, o sea, de cultura. Incluso, muchas veces, esta atravesada por la política, las ideologías y el mercado.

Y entonces volvemos a la pregunta inicial… ¿Llegó la liberación del artista y de su obra de arte? El curador y el crítico de arte, que son los mediadores del arte contemporáneo, tienen el poder y la autoridad de influenciar el mundo del arte, por lo tanto, deben procurar ser lo más objetivos posibles al momento de ejercer su rol. Sin embargo, son sujetos y como tales están cargados de subjetividad, de mundo, de experiencias, del mercado, de ideologías, de política, en suma, de realidad. Y la realidad no es otra cosa que el individuo humano percibido en la experiencia de vida; y la vida actual está atravesada fuertemente por las nuevas tecnologías de la comunicación, los procesos de globalización, la velocidad y lo efímero del capitalismo internacional. En este sentido, Morgan (* 2012) afirma que “la globalización económica tiene que ver con las preocupaciones fundamentales que poco se relacionan con los temas estéticos y optan, en cambio, por enfocar el arte como un sistema de mercancías con potencial de inversión”.

El artista parece haberse convertido en una especie de “logotipo cultural” (Morgan, 2012) cuyas expresiones creativas deben orientarse hacia problemáticas relacionadas con la identidad cultural, si es que quieren ser exitosos. El critico, por su parte, fabrica y legitima tendencias dirigidas a un comprador y no dirigidas a un espectador común. Se imponen las tendencias académicas de moda, como también las tendencias económicas de un mercado extremadamente consumidor y neoconservador. Los medios de comunicación son los nuevos críticos, encargados de establecer honores y deshonores en el ámbito del arte como sea, explica Florencia Monfort en el Diario “La Nación”, “Lo cierto es que la apertura del mercado del arte es un proceso que no tiene retorno. Y sea como fuere el acercamiento a las obras, el fenómeno existe y la gente pide más: ArteBA lo demuestra año tras año y las galerías son reflejo de esta tendencia”. El mundo del arte se ve atrapado por la lógica mercantil. Mas que ser libre, el arte está “perdiendo su carácter liberador de la experiencia humana” (** Osmar Gonzáles, 2012). En este sentido, Morgan (* 2012) plantea que “El papel del arte como una fuerza sustantiva y transformadora solo será evidente si el arte se libera de las presiones de las limitaciones corporativas que determinarán su futuro” .

¿Pero como podemos lograr esto? En primer lugar, va a decir Morgan (* 2012), resulta necesario recuperar el pasado y a partir de allí establecer una síntesis entre lo viejo y lo nuevo, deberá moverse entre lo local y lo global, adaptando el mundo emocional y el mundo virtual, apartando el arte de la política, con el fin de “prestar más atención a equilibrar la estética con el valor conceptual del arte para establecer un discurso crítico más serio”, profundo y equilibrado.

En segundo lugar, el arte debe recuperar su función humanizada, es decir, “una comprensión fundamental sobre la condición humana (…)” (* Morgan, 2012) . La tarea parece ser clara, dice Osmar Gonzáles (2012): “hacer que el tiempo histórico retome su lugar y desplace al tiempo mediático”, pues es el arte una de las posibles alternativas al orden establecido en tanto que produce futuro e imagina la vida, es el ámbito donde se puede “expresar las limitaciones del poder mediante el deseo de la imaginación”. (* Morgan, 2012) .

CITAS REFERENCIADAS:

*Extraído de GONZALES, O. “El artista en el Siglo XXI. Las críticas de Robert C. Morgan”, librosperuanos.com, Lima, noviembre 2012. Op. cita Nº 2. 3 Op. cita Nº 2. 4

** Citado por JIMENEZ, J. “Arte es todo lo que los hombres llaman arte” en Teoría del Arte, Ed. Tecnos, 2002

BIBLIOGRAFIA:

GOMBRICH, Ernst. “Historia del arte. Introducción. El arte y los artistas”. México, Editorial Diana. 1993.

GONZÁLES, O. “El artista en el Siglo XXI. Las críticas de Robert C. Morgan”, librosperuanos.com, Lima, noviembre 2012.

JIMENEZ, J. “Arte es todo lo que los hombres llaman arte” en Teoría del Arte, Ed. Tecnos, 2002.

MONFORT, F. “¿Qué es el arte contemporáneo?”, lanación.com.ar , 19 de Diciembre de 2004.

MUÑOZ MARTINEZ, R. “Una reflexión filosófica sobre el arte”, Thémata Revista de Filosofía, Num. 36, Sevilla, 2006.

WILDE, O. “El Retrato de Dorian Gray”. México, D. F. 2012

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