ESTRENOS: ‘Los Miembros de la Familia’, de Mateo Bendesky.

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Tras su estreno mundial en la Sección Panorama de la 69° Berlinale, sección dedicada a nuevas obras de directores consagrados, óperas primas y descubrimientos, llega a las salas comerciales de Buenos Aires “Los miembros de la familia”, segundo largometraje de Mateo Bendesky y protagonizado por Tomás Wicz, Laila Maltz y Alejandro Russek.
  Sinopsis :
Lucas (17) y Gilda (20) viajan a un pequeño pueblo costero para intentar cumplir la última voluntad de su madre recientemente fallecida: depositar sus restos en el mar. Desafortunadamente, el único “resto” con el que cuentan es su mano prostética, aunque como dice Gilda “da lo mismo, mientras nos lo saquemos de encima”. Listos para volver a casa, un paro nacional de transporte los deja varados en el pueblo. Lucas, obsesionado con el físico culturismo y las peleas de contacto, encuentra en la costa tierra fértil para explorar su sexualidad y los límites de su cuerpo. Gilda, aún afectada por su reciente estadía en un centro de rehabilitación y obsesionada con su “mala energía”, pone a prueba innumerables terapias y métodos de adivinación para intentar encontrar algún sentido en el mundo que la rodea. Atrapados en un limbo, deberán confrontar el espacio vacío que dejo el suicido de su madre, al mismo tiempo que despiden su adolescencia y se enfrentan a la ambigüedad de la vida, la muerte y el fitness.

  VER TRAILER ONLINE   Trailer para descarga https://vimeo.com/311113021  

Ficha técnica Título: “Los miembros de la familia País: Argentina Duración: 85 minutos Año: 2019 Idioma: Español

“ABSOLUT VACÍO”

por MAXIMILIANO CURCIO

A lo largo de la trayectoria de Mateo Bendesky, algunos de su films lidian con la visión del realismo mágico y el autor se interesa en esta vertiente proveniente de la literatura para contar una historia. Según palabras del mismo, existen en esta obra elementos autobiográficos basados en propias experiencias, lo que convierte a “Los Miembros de la Familia”, quizás en su film más personal, no obstante la huella autoral puede rastrearse a lo largo de sus anteriores obras.

En este film en particular, el enfoque parte desde el momento de la vida que sus personajes atraviesan, una instancia de dolor y pesar en donde el realismo mágico cobra vida y el lazo entre lo real y lo imaginado comienza a diluirse. Bajo este verosímil, ese mundo de fantasía se hace realidad validándose como una acertada forma para contar una historia que recurrirá a variados registros genéricos.

Aquí la trama toma lugar en un ámbito pueblerino de la costa argentina. Filmado en siete diferentes locaciones que recrean un lugar ficticio y arquetípico, el desafío autoral consiste en inventar un nuevo pueblo y dotarlo de vida propia: el aire melancólico de la costa argentina es trasladado a este ámbito, un submundo que representa el refugio veraniego da la clase media argentina turística, de allí también proviene su carácter especial. En épocas de invierno, una atmósfera de misterio rodea estos parajes, en donde observamos, con un dejo de tristeza, la ciudad costera desierta. Utilizando como metáfora la idea de ‘un lugar que fue hecho para otro fin’, a través de ese sentimiento de despojo se prolonga dicha inquietud a sus personajes y su inconformismo. A través de una variada gama de sensaciones, se potenciará su emotividad desde el escenario físico hacia la hostilidad y la proyección de sentimientos encontrados.

Existe un particular abordaje al género de la comedia, el cual funciona de forma eficiente cuando la seriedad de una situación dramática es connotada con el absurdo. Bajo este tono lúdico, el director trabaja una marca personal que busca descontracturar los tradicionalismos de la comedia dramática, apelando a una cadencia de tonos y una precisión de climas y humores que afectan positivamente al relato.

Desde el personaje de Lucas, una serie de observaciones enriquecen la mirada sobre el film y sus texturas. Resulta particular el acercamiento que se hace desde su postura y sobre la tecnología a través de la cual la gente se comunica, como lazo indispensable para establecer vínculos en nuestro tiempo. Viviendo inmersos en un mundo de redes y teléfonos -un símil de mundo paralelo que genera una segunda vida dentro de la rutina social que atravesamos-, percibimos en este personaje la timidez propia de la adolescencia, el descubrimiento de los vínculos y la sexualidad y el culto a la estética desde la mirada de un coming of age afectado por lógicos conflictos.

Potenciar la herramienta virtual para acercarse a las personas refleja la forma en que las generaciones jóvenes viven y se comunican hoy día, resultando éste un factor al que el autor presta suma atención. Pensando en ‘la vida en línea como un lugar que antes no existía’ permite indagar en cuestiones filosóficas complejas de asimilar. Bajo esta posible teoría de ver el mundo de hoy y conectarse con el, “Los Miembros de la Familia” captura el tema principal de su búsqueda: construir las necesidades para el mundo en que vivimos.

Otra interesante observación de matiz social resulta el deporte desde la mirada sesgada de la masculindad, como tradición cultural en Argentina. Desde el absurdo del prototipo conservador y como una critica social a la pacatería de antaño, el film se cuestiona sobre el alcance del pensamiento radical en otros tiempos menos progresivos como un indudable llamado de atención y un compromiso para las nuevas generaciones. Bajo una óptica similar, la recreación en el uso de drogas y esteroides como vía de escape a la insatisfacción cotidiana se revela como un acertado retrato de la juventud y los excesos, algo que está presente en las generaciones que están en contacto aquí, persiguiendo una forma de realismo emparentada al mundo que los rodea.

La relación entre los hermanos (Lucas y Gilda) resulta un aspecto esencial de la narración y en donde convergen una serie de tópicos de fructífero análisis. En los abordajes que se realiza sobre cuestiones como la depresión y la salud mental, el director denota una absoluta franqueza en evidenciar cuestiones muy presentes en la vida de adolescentes que están atravesando un duelo. Como esencial tramo del proceso, el abordar verbalmente estas cuestiones termina por liberarlos, si bien en realidad es el autor (como un auténtico demiurgo cinematográfico) quien suelta a sus personajes de dicha carga estigmatizada.

A través de la profundidad de análisis que brinda, el film nos invita a reflexionar (sin despojarse de una mirada tierna) acerca de la vulnerabilidad y las debilidades que refleja esta etapa de la juventud, en plena búsqueda de la identidad, del destino y de su lugar en el mundo. La complejidad de los sentimientos expuestos facilita un acercamiento psicoanalítico: como se expresan aquella relación fraternal tamizada por la culpa, el hermetismo, la confusión y el enojo. Esta mixtura de sensaciones nos interpela acerca de las elecciones que tomamos y como nuestras experiencias afectan la forma en que procesamos/exteriorizamos los sentimientos: el misterio que rodea a cada relación y su extrañeza constituye la exclusividad de cada vínculo.

Subjetivizando la mirada hacia una bienvenida libertad interpretativa de esta obra, el mensaje llegará al espectador para completar un posible sentido intelectual dentro de tantos probables, adquiriendo allí vida propia. ¿Se trata, finalmente, del suicidio de su madre? Los espacios de la casa que parecen vedados nos inclinan a pensar que sí . Otorgar la cantidad de espacios inconclusos a su desarrollo resulta una apuesta atractiva para que la película crezca notablemente en la mente del espectador

ACERCA DEL AUTOR

Mateo Bendesky – Director: Nació en Buenos Aires en 1989. En el año 2011 completó sus estudios en la Universidad del Cine (FUC) donde, desde 2014, se desempeña como docente de la materia Producción Ejecutiva.

“Acá adentro” (2013), su ópera prima, formó parte de la competencia internacional del BAFICI, del Festival Internacional de Cine de Thessaloniki y del Festival Internacional de cine de Ourense, entre otros.  Su cortometraje “El ser magnético” (2015) tuvo su estreno internacional en el Festival de Cannes y formó parte de la competencia oficial del BAFICI. Además, participó de la competencia de cortometrajes del Festival Internacional de Cine de Toronto, y del Festival Internacional de Cortometrajes de São Paulo (Kinoforum), el Festival de Cine Latino de Toulouse y el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, entre otros.  En 2016 fue seleccionado para participar del TIFF Talent Lab, el programa para jóvenes directores del Festival Internacional de Cine de Toronto, y recibió una beca MacDowell para completar el guión de “Los miembros de la familia”, su segundo largometraje, en la MacDowell Colony en New Hampshire, EE.UU. Ese mismo año, recibió una Beca del Bicentenario del Fondo Nacional de las Artes, con la cual realizó el cortometraje “Nosotros solos” (2017). Este film tuvo su estreno mundial en el BAFICI, y formó parte de la competencia de cortometrajes del Festival Internacional de Cine de Toronto y de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Rotterdam. 

“Los miembros de la familia”, su segundo largometraje, tuvo su estreno mundial en Berlinale Panorama en 2019 y será estrenado comercialmente en Argentina en el mes de mayo.  Actualmente, se encuentra desarrollando “La fiebre”, su tercer largometraje, proyecto que participó del Cinemart del Festival Internacional de Rotterdam 2019 y ganó el premio ARTEKino International, otorgado por la televisora franco-alemana ARTE, al mejor proyecto de dicho mercado. 

Palabras del director sobre el proyecto: Desde el día que dejé de ser uno, me interesó hacer una película sobre adolescentes. Siento que hay algo en ese mundo transicional y confuso que me interesaba revivir en un film, ya que, quizás, a través de ese proceso, podría entender mis propios años adolescentes. Partiendo de esta base, “Los miembros de la familia” tiene dos tópicos centrales:la adolescencia y el duelo, procesos que considero fundamentales en la construcción de la identidad y del sentido propio. Me interesa explorar la adolescencia como estadio medio, como una sala de espera a la adultez donde el cuerpo y la mente se encuentran en pleno desarrollo, pero todavía no tienen una dirección concreta. Lucas y Gilda, los protagonistas del film, ya no son niños, pero tampoco son adultos. De algún modo, la única opción que tienen es esperar: a que sea el día siguiente, a que se termine la huelga de colectivos, a tener edad para mudarse solos, a que alguien venga a salvarlos.

Del mismo modo, Lucas y Gilda tampoco son adolescentes típicos: Lucas, obsesionado con su cuerpo, encuentra en el físico-culturismo y las peleas de contacto una válvula de escape para sus inquietudes sexuales. Gilda, por su parte, acaba de abandonar un centro de rehabilitación y busca de forma desesperada algo de sentido en el mundo que la rodea. Esto, sumado a la tensión constante en su relación, hizo que su aventura excéntrica en un mundo sin adultos me resulte aún más interesante de retratar. Desde siempre me interesó el tema de los vínculos familiares: mi ópera prima, “Acá adentro”, ya trabajaba sobre estos temas (particularmente sobre las relaciones padre-hijo), y mis cortometrajes “El ser magnético” y “Nosotros solos” profundizaron sobre esto al tratar dos relaciones distintas entre hermanos. Al igual que los vínculos familiares, el hogar (y la relación entre los espacios y las personas que los habitan) es un tema que me intriga y que me interesa explorar a través de mis películas.

Como dos exploradores perdidos en la niebla, Gilda y Lucas avanzan con pasos firmes sin tener en claro hacia dónde van ni por qué. Esta imagen es para mí la más precisa para definir al duelo y a la adolescencia al mismo tiempo, y es la forma que elegí para retratar la historia de estos hermanos en el film. Opuesto a la idea de “final feliz” donde los protagonistas encuentran el sentido de su vida de forma instantánea como en un curso de autoayuda express, me interesa mostrar cómo este tipo de iluminaciones se suelen dar en la vida cotidiana: no como explosiones de sentido, sino como breves destellos de esperanza en medio de la oscuridad, que permiten convencernos -aunque sea por un momento- de que nuestra vida y nuestro mundo siempre pueden ser mejores.

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