MIRADAS SECUENCIALES: “Julieta”, de Pedro Almodóvar. Por RO INIES

“Tu ausencia llena mi vida por completo y la destruye”

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“Julieta” es un potente drama cargado de dolor. Es en su contención donde deja al espectador en vilo, acongojado, suscitando intriga hacia la próxima secuencia, para asomarnos y ver más allá del fotograma el barrio, la casa de Julieta en Madrid, qué ha pasado en el tren.

Julieta (interpretada en su juventud por Adriana Ugarte y en su madurez por Emma Suárez) es una mujer que, en primera medida sufre. Es una profesora de literatura clásica que, en los ochenta, conoce a un joven y atractivo pescador gallego, Xoan (Daniel Grao). Sigue a ese amor y se instala en Galicia, formando una familia. Julieta tiene a Antía, dejando de lado su carrera. Marian (interpretada magistralmente por Rossy de Palma) le advierte de los impulsos de su marido en su ausencia con una amiga de la infancia, Ava (Inma Cuesta). La pareja discute y Xoan al salir al mar en un día de tormenta tiene un trágico accidente. Julieta desde ese momento se sumerge en una profunda depresión de la cual sale lentamente gracias a Antía y su mejor amiga Bea (interpretada en su vida adulta por Michelle Jenner), cambiando su vida por completo, mudándose a Madrid. Pasan los años y Antía, ya mayor de edad, se va a un retiro espiritual, que se convierte en una ausencia prolongada de doce años. Julieta vive sin vivir durante esos doce años de ausencia, esperándola, inmutable. Al reencontrarse con gente de su pasado, comienza a reconstruir los motivos por los cuales Antía se ha alejado. Y descubre que, es en aquellos culposos silencios, donde se esconde el inconmensurable dolor y el desasosiego que ha partido sus vidas en dos.

El director manchego sabe llevar el relato con un timing perfecto, con una dirección de actores y un sentido de la estética tan exquisito como detallista. Así es Pedro: intenso como el rojo que elige en su vestuario, decorados, objetos, geometrías, planos. Es un fetichista de la composición de la imagen y del universo sensible del mundo femenino que tan bien conoce a esta altura de su carrera y que ha sabido, a golpe de exploración, afinar hasta convertirse en un maestro. Podemos encontrar ciertas coincidencias estilísticas si nos retrotraemos al resto de su extensa filmografía, atravesada por la magistral banda sonora original a cargo de Alberto Iglesias. En Tacones lejanos (1991), Rebeca (Victoria Abril) busca desesperadamente la atención y el cariño de su madre abandónica, la famosa cantante Becky del Páramo (Marisa Paredes). El film, que se enmarca esta vez en el género de thriller (aunque nunca abandonando el melodrama que caracteriza al cine almodovariano) utiliza la culpa como eje central de su desenlace. En Volver (2006), Raimunda (Penélope Cruz), una mujer fuerte y trabajadora, carga con un pasado lleno de dolor y es a partir de la violación de su hija, Paula que tiene que tomar las riendas de su vida. El fantasma de su madre (la siempre impecable Carmen Maura) acecha para poder conciliar y perdonar oscuros secretos familiares.

Las localizaciones también son fundamentales: en “Julieta”, Almodóvar centra el relato de juventud en Galicia (concretamente en Redes, pueblo pesquero) donde se observa el mar y se sienten los días fríos y solitarios. En “Los abrazos rotos” (2009), es Lanzarote (Islas Canarias) donde el mar vuelve a ser protagonista como símbolo de la inconmensurable soledad y desasosiego. Pero Madrid es la gran elegida a lo largo de toda su filmografía. La capital es el escenario perfecto para enmarcar a sus personajes, retratado tanto en presente como en pasado, rememorando siempre el cruce entre lo castizo tradicional y la estética pop de la Movida madrileña de los años 80.

La elección de las actrices protagonistas, Adriana Ugarte (popular actriz de telenovelas  históricas)  y Emma Suárez (actriz consolidada en el cine español, reconocida especialmente por su trabajo en “El perro del hortelano”, de Pilar Miró (1996) y protagonista de películas de la primera etapa de Julio Medem) le otorgan al relato la potencia necesaria para atrapar al espectador. También es acertada una vez más la elección de Darío Grandinetti como pareja de Julieta en la madurez (recordando en “Hable con ella”, de 2002, la dupla formada junto a Javier Cámara, quitando el foco del dolor de la mujer y centrándolo esta vez en el hombre).

La elección de adaptar textos literarios al lenguaje cinematográfico ha sido abordado por el director en varias ocasiones: en “Carne trémula”(1997), protagonizada por Javier Bardem y Liberto Rabal, basada en la novela homónima de Ruth Rendell y en “La piel que habito”, película protagonizada por Elena Anaya y Antonio Banderas, basada en la novela de Thierry Jonquet, “Tarantula”. “Julieta” es una adaptación cinematográfica de tres relatos de Alice Munro, “Destino”, “Pronto” y “Silencio”. 

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