MIRADAS SECUENCIALES: “El Bar”, de Alex De la Iglesia. Por RO INIES

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Nosotros los monstruos

El bar es un viaje adrenalínico a la locura, lo cual en las películas de De la Iglesia es moneda corriente. Un grupo de personas, unos por casualidad, otros por rutina, se encuentran en un bar céntrico de la capital española. Una de ellas al salir es asesinada.

El afuera se transforma en una amenaza cuasi apocalíptica.

El encierro invoca a otro de los personajes de la película: el miedo. En situaciones límite, incluso en el umbral de éstas, el ser humano de manera instintiva se protege, demostrando sus verdaderas intenciones. El barrendero que sale del bar a socorrer al baleado, también es asesinado. Luego de este hecho quedan: un policía retirado (Joaquín Climent), un empresario con un fetiche (Alejandro Awada), una adicta al juego (Carmen Machi), un publicista hipster (Mario Casas), una joven superficial y estirada (Blanca Suárez), un simpático camarero (Secun de la Rosa), la temperamental dueña del bar (Terele Pávez) y un indigente con delirio místico (Jaime Ordoñez). Las acusaciones van rotando. Las teorías especulativas del asesinato van desde un ataque terrorista a un mortal virus.

En una puesta que perfectamente podría ser teatral, el relato fluye a través de sus ácidos diálogos. Cada uno de estos personajes le otorga a las situaciones de tensión la dosis justa de comicidad (hablando de comedia negra, claro está), ejecutada y perfeccionada por De la Iglesia durante toda su filmografía, destacando largometrajes como Muertos de risa (1999) o La comunidad (2000).

La participación de Alejandro Awada es acertada, en sintonía con otros papeles similares realizados por el actor. Blanca Suárez y Mario Casas, quienes ya habían participado en Mi gran noche (al igual que Jaime Ordoñez) son la apuesta joven del director para ridiculizar a la generación millenial castiza. Secun de la Rosa y Carmen Machi (compañeros en la popular serie Aída) dan cátedra construyendo unos personajes tragicómicos.

El director hace que el relato que nos atrapa por su costumbrismo esperpéntico derive en una risa culposa y una incomodidad que hace cuestionarnos nuestra propia integridad moral. Las miserias humanas, el egoísmo y la autopreservación son los temas centrales en la filmografía de este director.

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