COLUMNA DE OPINIÓN: Un análisis de “Taxi: Fragmentos de vida de un taxista porteño”. Por MAXIMILIANO CURCIO

CRÓNICAS URBANAS DEL NUEVO SIGLO (AGUAFUERTES PORTEÑO)

De lectura atrapante, “Taxi”, editado en el año 2013, nos permite ver en todo su esplendor la aguda mirada y la fina pluma que caracterizan a su autor. A lo largo de las páginas de este libro, Carlos Avalle ostenta una gran capacidad para hacer un estudio de antropología sobre esta curiosa fauna humana que habita las calles de Buenos Aires.

A la par que se mencionan lugares icónicos de esta metrópolis y esquinas tradicionales para el que las transitó alguna vez, el autor describe con dosis de humor, sarcasmo e ironía a la particular gente que protagoniza su vértigo cotidiano. Cada encuentro con tal o cual pasajero será irrepetible. Además, el libro también refleja los peligros a los que se expone nuestro taxi driver vernáculo, reflejando la inseguridad y el riesgo al que se expone cada noche, surcando las calles de la misteriosa Buenos Aires. Un tour de forcé apasionante concebido por un documentalista de nuestra ciudad.

El relato se encuentra tamizado, a todo momento, por esa mirada que va a lo social y que descree del rumbo y del panorama político actual y de aquellos que manejan los hilos; está muy bien inserto en el relato el desencanto por este presente y el hastío hacia la clase política de turno. Aquel costado más difícil de sobrellevar acerca de la realidad se encuentra, afortunadamente, pincelado por ese salvavidas espiritual que lo saca al autor del trajín cotidiano, rutinario y banal. Allí aparecen músicas al rescate al tiempo que el autor improvisa una suerte de lista de artistas que lo inspiran en medio de un receso de viaje, convidándonos de sus influencias y gustos personales, entre los que se perciben Beatles y música jazz en perfecta sintonía y equilibrio.

Las musas también existen. Es por ello que, al final del libro, el escritor enumera una serie de elementos de suma importancia presentes en su cosmovisión que inspiraron la confección del libro.

“Taxi” toma forma página a página, revelándose como un relato sumamente pintoresco que se disfruta en las anécdotas elegidas como mosaico de este recorte social. Esencial y sensible, el autor encuentra en lo bello aquello simple de una enseñanza vital, rescatando el testimonio que determinados pasajeros dejaron al pasar por el asiento-diván, a veces con una imperiosa necesidad de expresarse y ser escuchados (sin siquiera intercambiar), otras con una frase certera o con una historia irrepetible que han marcado al autor, sabiendo que ese encuentro ha sido único. Cada pasajero lleva su impronta, y el conductor lo sabe. A veces mienten, en otras ocasiones son auténticos. La mayoría de las veces se desahogan como si estuvieran haciendo terapia.

Ellos tampoco se imaginarán que estarán plasmados en un libro. A propósito, certero como es costumbre, el escritor da en un blanco inequívoco que desnuda un síntoma resquebrajado de nuestra sociedad: el porteño vive apurado y no sabe escuchar. Acaso un mal endémico de nuestros tiempos.

El autor persigue posibles sentidos que nos inviten a la reflexión. De forma espontánea la escritura se ve motivada o inspirada por ese momento mágico que le tocó atravesar, con toda la subjetividad que esto implica.

“Taxi” es una radiografía hecho de retazos (si los fragmentos construyen el todo) de la gran ciudad que se guardan en la memoria del autor, transitada por personajes icónicos de nuestra cultura popular: recordando un mural de Almendra ubicado en el F.C. Mitre, rescatando la eterna figura de Luis Alberto Spinetta hilvanada a partir de diferentes sucesos el día de su partida, aventurándose a un encuentro imaginario con Van Gogh o anteponiendo la música de Lennon como antídoto a la intromisión de un pasajero indeseable.

Buenos Aires es tán mágica que, por esas cosas del destino, podemos encontrarnos en calle Corrientes con el maestro Horacio Ferrer y llevarlo en nuestro asiento de acompañante.

Avalle posee una gran capacidad para utilizar un lenguaje muy rico y de una gran virtud poética. No solo evidente en la rítmica de las palabras y los juegos a los que el lenguaje en nuestro idioma se presta. También se podrá apreciar poesías de corte surrealistas y poemas visuales que describen con habilidad escenas con precisión cinematografía, como si se tratara de una secuencia para recordar. Lo cual denota otra cualidad notable. Atento, se posa sobre la mirada imperceptible que a veces deja pasar aquello verdaderamente esencial (el sol del mediodía, los pájaros, un amanecer, un reflejo) y lo sabe transmitir con gran sutileza y profundidad.

No se trata de un libro de lectura fácil, el lector deberá volver sobre sus líneas para apreciar en su totalidad las formas elegantes de utilizar el lenguaje y dar así lugar a la reflexión posterior. “Taxi” nos quedará pensando e invitará volver a leer, como todo buen libro…es una lectura hecha para finos paladares.  

Como dijo aquel taxista al que se cita, ‘su coche conserva el anecdotario del mejor libro que pudiera escribir’. Leyendo “Taxi” sentiríamos lo mismo. ¿Qué esperás para tomar este viaje?

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Contacto con el autor: c_avalle@hotmail.com

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