MICROFICCIONES: “Justicia Divina”. Por MÓNICA CENA

El hombre agonizaba en el hospital, y ni aun así le quitaban las esposas que lo sujetaban a la cama.

No tenía familia y se estaba muriendo; sólo una mujer permanecía sentada en un rincón, día y noche, en silencio.

Cada tanto, llegaba una enfermera para tomarle los signos vitales y, sin pronunciar palabra, le hacía un gesto negativo.

Después de que la enfermera se iba, la mujer se le acercaba al hombre y lo miraba a los ojos.

—¿Te acordás de mí? —le decía.

—Sí —trataba de pronunciar el hombre detrás de la mascarilla de oxígeno.

Después de la respuesta, la mujer volvía a su silla y retomaba su antigua posición.

Cuando él murió, la enfermera llamó al médico que lo cubrió con una manta al comprobar su deceso.

—Lo siento, señora —dijo el médico mientras la enfermera retiraba los aparatos de la habitación—. La acompaño en su dolor.

La mujer lo miró sonriente y le dijo:

—Gracias, doctor, pero es la mejor noticia que pude haber recibido. Ya estoy conforme, segura de que este violador murió como debía: por voluntad de Dios y viendo mi cara hasta último momento.

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