CRÓNICAS DE UN MELÓMANO: Canzonetta. Por CARLOS AVALLE

Cortesía de Eduardo Avalle

Para ubicarnos, la canzonetta es, en música, una composición vocal secular italiana que data aproximadamente del año 1564.

Dicho esto debo aclarar que a este tipo de canciones las comencé a escuchar desde muy pequeño, más precisamente en los años en que la fantasía y la realidad todavía no tenían una frontera definida.

La cuestión es que, en aquellos tiempos, las familias nos reuníamos para pasar las fiestas de fin de año, las navidades, algún cumpleaños, acontecimientos festivos en general.

Esto implicaba una cantidad de personas ahora disueltas en mis recuerdos. Sí puedo, en forma general, recordar tíos, tías, primos, primas, vecinos que también se sumaban a la gran mesa, y otra categoría que para mi sorpresa, inocencia y desconcierto eran llamados paisanos.

Las familias llevaban para este encuentro comidas caseras, mucha comida. Postres y tortas de todo tipo que el paso del tiempo los transformó en imágenes irrepetibles e inalcanzables para un goloso como el que escribe estas líneas. Las bebidas alcohólicas también tenían entre los hombres una presencia muy especial. Hablo del vino, del vino en damajuana servido en pequeñas jarritas a lo largo de la mesa cándidamente arreglada para la ocasión. Quiero decir, que a cierta altura de los festejos, una buena parte de los hombres tenían un grado de alcohol en sangre más de lo aconsejado. Lisa y llanamente podía yo con mis ojos de pibe empezar a conocer las distintas reacciones de las personas pasadas de copas.

El asunto es que siempre, pero siempre, mis padres me sentaban enfrente a un tano cocoliche que según recuerdo, era algo así como el marido de una prima de un tío de no sé quién!

 Pero debo mencionar antes a otro personaje del cual también acabo de recordar una historia que se las relataré en otra ocasión. Este hombre, decían, era el marido de una tía de un primo de mi padre. Esto no quedó nunca bien aclarado. Este señor tocaba el bandoneón.

Acá entro en tema. Absolutamente alcoholizados, ya pasada la medianoche, ambos comenzaban un mini concierto de bandoneón y voz. El cocoliche con una voz que la recuerdo profunda y nostálgica, lagrimeando al final de cada canción, y al bandoneonista emulando los sonidos de un acordeón napolitano. Las personas mayores, sabían las letras de todas las canciones, sumando estribillos en un idioma absolutamente inentendible para mí.

A pesar que todo eso era una escena mágica y ajena a mi mundo infantil, les aseguro que esas primeras experiencias, marcaron un gusto especial hacia la música lírica Italiana, y sobre todo a ese canto estremecedor llamado canzonetta.

Hoy el tiempo transcurrido me ha dado algo más de comprensión y conocimiento acerca de estas músicas. Esos encuentros sucedidos ya son irrepetibles. Ahora quedan los fantasmas del bandoneonista y el tano cocoliche; y aunque ellos jamás lo sabrán, cada tanto se aparecen musitándome una bella canción de historias de tierras lejanas.

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