ENSAYOS ÓPTICOS: “La Planchadora”, de Lino Claro Honorio Enea Spilimbergo. Por CARLOS AVALLE

LA PLANCHADORA   (1936)    

Descripción de la obra: óleo sobre tela, 208 x 127 cm. (colección particular)

Se llamaba Lino Claro Honorio Enea Spilimbergo. Había nacido en Buenos Aires un 12 de agosto de 1896, y falleció en Unquillo, Córdoba, un 16 de marzo de 1964 a los 67 años.

Fue pintor, un gran pintor. Entre sus maestros estaban Pío Collivadino, Ernesto de la Cárcova y Carlos Ripamonte. A los catorce años comienza a trabajar en distintas ocupaciones para poder mantenerse económicamente. En el año 1912 se registra su ingreso a la empresa Nacional de Correos y Telecomunicaciones. En más de una oportunidad nuestro artista dejó en claro que a este trabajo lo consideraba esclavizante en extremo. Pensemos que esto lo hacía paralelamente a su trabajo como artista. Se desempeñó en esta empresa hasta 1914.

Ya en el año 1917 se recibe de profesor nacional de dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes.

Su primera exposición individual la realiza en la localidad de Desamparados, en la provincia de San Juan. En el año 1925 viaja a Europa. Allí estudia a los clásicos del 1300 y 1400. Observa los frescos y de ellos abreva todo lo necesario para utilizar en los murales que luego pintará en el devenir de su carrera.

En París concurre al taller de André Lhote. Estudia a los poscubistas, y en especial a Cézanne. A lo largo de su vida abordo varias tendencias, desde el clasicismo hasta el cubismo. Pinta murales junto a figuras tales como Siqueiros, Berni, Urruchúa, Castagnino, Guimarás. Testigo de estos trabajos son las cúpulas de las Galerías Pacífico, en la ciudad de Buenos Aires. También dedicó parte de su obra al grabado.

En vida fue un hombre muy premiado. Hasta aquí algo de historia, algo puramente racional. Pero hoy nos ocupa esta pintura, ya en el terreno de lo puramente artístico y emocional.

‘La Planchadora’ es una pintura al óleo sobre tela fechada en el año 1936. A primera vista es una escena costumbrista acerca de una muchacha planchando una prenda blanca sobre la mesa. La situación transcurre en un ambiente interior, sumamente acotado y desprovisto de elementos secundarios que puedan distraer nuestra atención. Un suelo cuadriculado marcando profundidad con sus diagonales.

Esta mujer está vestida con ropas de uso diario, sencillas, con características que nos hacen suponer un clima invernal. Lleva calzado cómodo, que corresponden a la tarea de una persona trabajando en estos menesteres. Apoya sus manos sobre la mesa, quizás en un instante de descanso. Sus cabellos peinados sin ningún arreglo en especial. Ni pulseras,  ni collares, ni aros.

Pero la mirada de esta mujer está en otro lado, definitivamente en otro lado. Los ojos característicos de las figuras de Spilimbergo que salen de escena.

Alguien que la llama fuera de este espacio y la distrae de su ocupación por un momento?

¿Qué está mirando?

¿Qué desconocidos pensamientos nos hace imaginar esta mujer?

La magia de este gran pintor que nos saca de escena con otra escena absolutamente imaginaria. No nos da la respuesta y seguramente nos será imposible develarla.

A veces, en estos pequeños detalles, está la solvencia de los grandes maestros.

En el año 1999, durante un mes, en el Centro Cultural Recoleta (en la Sala Cronopios), el Fondo Nacional De Las Artes presentó una retrospectiva de este enorme pintor. Recorrerla resultó una enseñanza inolvidable. Me emociona recordar esa tarde.

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