OPINIÓN: El arte afroamericano contra las barreras raciales. Por MAXIMILIANO CURCIO

La identidad de una nación

Se puede decir mucho sobre un pueblo o una nación observando aquello que considera lo suficientemente relevante como para recordar. Nos bastaría observar qué adorna las paredes de sus galerías de arte, qué elementos de la identidad nacional aparecen en sus museos, qué imágenes aparecen en su moneda y qué días festivos se celebran. Estos detalles en absoluto menores conformarían una acertada radiografía cultural de dicha comunidad. Sin embargo, es acertado mencionar que puede aprenderse aún más al examinar lo que una nación decide olvidar. La historia no siempre la escriben los que ganan.

Los pecados del pasado, las decisiones políticas desacertadas y los grupos comunitarios que se borran de la faz de la memoria nacional no son elementos precisamente ajenos a nuestras latitudes. La omisión revela también sus falencias políticas y sociales actuales ya que la carga del olvido sobre asuntos pasados pesan en el subconsciente de una nación. En el caso de los Estados Unidos, lo que con frecuencia se olvida o se infravalora es la historia y las experiencias de sus ciudadanos negros, que desde hace más de 90 años celebran durante el mes de febrero el Black History Month.

La creación de un período de tiempo específico para reconocer y celebrar las contribuciones y la presencia de los afroamericanos fue la idea de Carter G Woodson, un historiador capacitado en Harvard que lanzó la Semana de la Historia Negra en 1926 para conmemorar los nacimientos de Abraham Lincoln, un presidente cuyo la proclamación de la emancipación fue determinante para la inclusión de la raza negra. La tarea política de Licoln comenzó un proceso lento hacia el final de la institución de la esclavitud, y Frederick Douglass, un abolicionista y luchador por la libertad cuyo escape de la esclavitud contribuyó de forma inestimable al incipiente movimiento anti-esclavista estadounidense.

En gran parte como respuesta a los disturbios urbanos y las tensiones raciales vividas en los años ’60, este movimiento cobró repercusión gracias a las acciones civiles de fundamentales líderes como Malcolm X y Martin Luther King. Podríamos pensar en la histórica marcha a Selma (Alabama) o el determinante discurso de I Have a Dream en Agosto de 1963. También en los trístemente célebres Hotel Lorraine (Memphis) y Audubon Ballroom (Harlem). Ciertamente, a la legislación de la América Blanca, una cierta parte de la historia convenía mantenerla acallada.

El Mes de la Historia Negra en los Estados Unidos posee una visión y un propósito: luchar contra una sensación de amnesia histórica y recordar a todos los ciudadanos que la raza afroamericana también son una parte contribuyente de la nación. Desde mártires y víctimas de la segregación racial como Rosa Parks, Emmett Till, Sam Cooke, Medgar Evers, Charles Evers, Jesse Belvin y Langston Hughes, quienes entregaron sus vidas en pos de la causa. A héroes del deporte, del arte y activistas de los derechos civiles de la talla de Muhammad Alí, Jim Brown, Nat King Cole, Bill Russell, Kareem Abdul-Jabbar y James Baldwin, quienes con valentía lucharon por un nuevo paradigma social.

Como una forma de contrarrestar la inferioridad y de desafiar las imágenes negativas y los estereotipos -que a menudo eran la única forma en que los negros se representaban en la cultura popular y en los medios de comunicación- este mes de celebración permite rescatar su acervo cultural valioso, enfatizando a través del arte las historias de logros y resiliencia. Resguardo de identidad que contribuya a inspirar e inculcar el orgullo propio y comunitario entre los más jóvenes. Indudable aporte a enfrentar el problema de la discriminación racial a través de una mayor comprensión, al hacer que el pasado de la comunidad sea accesible y significativo para todos: conocer la historia de aquellos que dieron forma a este movimiento.

Educar a los que están fuera de la comunidad negra siempre fue un foco central de estas celebraciones, de lo contrario el gesto inclusivo se transformaría en algo repetitivo y sin sentido. Políticamente, la creencia era que si el país entendiera las contribuciones y los sacrificios hechos por los afroamericanos,  proporcionaría un argumento poderoso que socavaría las nociones de la inferioridad negra. Centrarse en estas contribuciones y sacrificios ayudaría a demostrar la valía por igual de cada ciudadano. Y al desafiar esas nociones, se podría crear un ambiente más propicio para combatir el racismo.

El alma de una nación

El arte ha sido, desde siempre, ese soporte comuntario. Ese vehículo didáctico que capta, transforma y cuenta el espíritu de los tiempos. Sirve de gran ejemplo mencionar el innovador trabajo de Spiral, un grupo de 15 artistas que se unieron en Nueva York en 1963. Muchos de los artistas y colectivos se plantearon preguntas fundamentales: ¿qué es ser negro?, ¿hay arte negro ?, ¿Y existe una estética negra?. Con la iniciativa de celebrar la obra de artistas afroamericanos en los años sesenta y setenta, aquel arte de tiempos convulsos estaba inspirado en el movimiento masivo de Derechos Civiles en los Estados Unidos durante turbulentas revueltas que siguen cobrando relevancia hoy en día. Del artista Norman Lewis, podemos observar “America the Beautiful”, una pintura abstracta que representa el KKK y quema cruces que no escapan a la realidad política de estos tiempos en determinadas coordenadas geográficas.

“Spiral”, muestra de arte que agrupa toda una serie de obras representativas de aquella época tuvo su primera exposición únicamente en blanco y negro, el pasado año. Se trataba de una congregación de arte sobre personas de color. Una pieza memorable de aquella muestra es la pintura de Reginald Gammon, Freedom Now, en 1963, que muestra a los manifestantes adultos que gritan y cantan, mientras que sobre ellos se encuentran los niños marchando en la escuela. Esta obra captura la participación de los escolares en actos de desobediencia civil masiva.

La influencia inspiradora del ‘Black Panther Party for Self Defense’, formado en Oakland, California, en 1966, se puede ver en la fusión de arte y activismo que se muestra en su innovador periódico ‘The Black Panther’. Emory Douglas, referente cultural del movimiento, usó su arte para agitar y organizar, como se muestra en los carteles que exigen: “Todo Poder para el Pueblo y Libertad para todos los Presos Políticos”.

La creación de Faith Ringgold “Los Estados Unidos de Ática” (1971-72) destaca la rebelión de la prisión de Ática, cuya destrucción dejó un saldo de 43 muertes. El trabajo de Ringgold se reimprimió como una postal para una audiencia masiva y se presentó como un trabajo inacabado en el que las personas podrían participar activamente agregando referencias a actos de violencia por parte del estado de los EE. UU.

A lo largo de este período, los artistas exploraron nuevas formas de crear y exhibir arte, incluidos nuevos métodos de trabajo en colaboración. Esto llevó a un crecimiento en talleres y colectivos que desafiaron el status quo de la escena artística. El grupo de la Organización de la Cultura afroamericana, formado en Chicago en 1967, creó un Muro de Respeto en el lado sur de la ciudad, una de las comunidades más asediadas (hasta hoy día) por cifras de mortandad por culpa de las matanzas entre bandas criminales que azotan sus calles. El mural combina escenas de la vida familiar afroamericana e imágenes de héroes negros. Su trabajo, vale destacar, inspiró la propagación del movimiento mural en las comunidades de América africana en las últimas décadas, todo un símbolo de una expresión artística dominante y con gran herencia en Latinoamérica.

Los grupos mencionados se unieron al establecimiento de arte, como cuando la Coalición Cultural de Emergencia Negra (COCEF) se manifestó en contra de la decisión del Museo Metropolitano de Nueva York de no presentar a ningún artista afroamericano en su exposición Harlem On My Mind en 1969. Los artistas afroamericanos también desarrollaron métodos innovadores para crear arte con el uso de diferentes materiales. En 66 Signos, Noah Purifoy utilizó detritus de Watts Riots para cuestionar el materialismo. Otros artistas negros subvirtieron y reclamaron imágenes como Betye Saar en su pieza “La liberación de la tía Jemima”, 1972.

Elogiar la valentía de aquellos artistas es necesaria para celebrar la riqueza de talento en la comunidad negra y para aprender del espíritu de desafío que el BHM pretende valorizar.  El mes en cuestión continúa siendo la herramienta útil en la lucha por la equidad racial que Woodson imaginó hace más de 90 años, resultando innegable el poder de la inspiración en el arte como una fuerza para el cambio, en búsqueda de la comprensión cabal de una historia que está llena de héroes y mártires que otorgan complejidad y ambigüedad al relato.

El arte es la huella primordial a través de la cual el ser humano ha dejado testamento de su paso por este planeta. Usar la historia del arte para educar a las generaciones futuras en la lucha y el sacrificio en común -de las cuales las comunidades afroamericanas han sido ejemplo- es menester, sabiendo que ningún individuo aislado (sin importar cuán exitoso sea) consigue por sí mismo el necesario cambio social.

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