…Y MODERNO: “En Cuerpo y Alma”, de Enyedi Ildikó. Por HÉCTOR SANTIAGO

Puntaje: 7

Vacas que miran a unos hombres a través de las brechas de las jaulas en donde ellas permanecen encerradas. La cámara que las filma está situada en el interior del espacio donde los animales amontonados esperan. Una de ellas mira el sol. Lo mismo hace la empleada de limpieza  y también el director de finanzas desde las ventanas del matadero.Encerrado en la jaula del sacrificio uno de los animales mira de frente a la cámara, y por qué no, también a los que la contemplan detrás del ojo fotográfico. Quizás sea la última mirada antes de que el disparo de una pistola de frigorífico termine con su vida.La sangre que derrama la cabeza cortada del animal, sus patas trozadas y el desmembramiento general de su cuerpo, recorre el piso, lo tiñe de rojo y se escurre por rendijas que se llevan la vida.

En paralelo, transcurre una especie de documental en el que dos ciervos, macho y hembra, recorren un bosque helado en busca de alimentos. Mientras rastrean los duros parajes del invierno se aproximan, se rozan, parecen olerse, se tocan con los hocicos y de pronto se alejan uno de otro. Pero cuando la historia avanza percibimos que la hembra es la que se resiste, una y otra vez, a los acercamientos del macho y sus embates amorosos. 

El matadero es un terreno donde la muerte es el punto de partida fundamental del trabajo diario. Faenar el ganado es la ocupación cotidiana de los empleados. Pero como es lógico, en ese espacio hombres y mujeres también establecen relaciones sociales y personales de toda índole: amorosas, laborales, de poder, amistosas y otras. La aparición de una nueva inspectora de calidad en el matadero altera las tranquilas aguas de la cotidianidad y de los vínculos interpersonales. 

La cámara registra minuciosamente los hábitos de una de las protagonistas de la película: un plato de la comida donde en forma de arco están ordenados a igual distancia cuatro bastones de un alimento y a un costado, sin tocar ni uno de  dichos bastones, una porción de arroz está dispuesta de manera casi geométrica para que no invada la zona del otro alimento. 

En otra toma de la casa, ésta a ras de piso, se observa a María de espaldas, sentada en la cama, quitándose las sandalias y acomodándolas una al lado de la otra de manera simétrica. Antes de comer y después de hacerlo, pasa un trapo sobre la mesa y la limpia de cualquier tipo de restos. Esa conducta se repite aún en situaciones de enorme emotividad. Ese proceder  casi maníaco respecto del orden y la higiene coexiste con una enorme dificultad con lo corporal en general y en particular con los contactos físicos: un roce casual de un hombre en su brazo mientras sube una escalera la perturba y casi paraliza .  

En otra escena, María reproduce e imita las voces de los diálogos que tiene con Endre. Lo hace ayudándose con el salero y el pimentero, a los que asigna el rol de una y otra persona. Imita las voces, repite diálogos y verbaliza lo que cree que las personas podrían haber dicho para continuar la charla pero que no hicieron. Al terminar regresa un condimentero a la bandeja y no dos como originalmente estaban colocados. En otra representación del tipo de la anterior acude a un juguete infantil. En ese caso son muñecos los que tienen a su cargo los papeles de mujer y hombre. Se los coloca enfrentados en una mesa. Al  muñeco hombre le falta un brazo. Y en esta especie de teatralización los diálogos expresados no acontecieron como tal sino que son imaginarios y quizás  deseados.

En cuerpo y alma destaca el uso de primeros planos y planos medios. El recurso fotográfico parece obedecer a la necesidad de registrar las expresiones que provocan las diferentes sensaciones y actitudes que surcan a los personajes a lo largo de la historia. En muchos pasajes la película tiene un tono intimista, con significativos intercambios visuales entre los protagonistas. Estas características justifican la presencia importante de esa clase de planos.

Las escenas del film son portadoras de una amplia y rica simbología. Ninguna imagen es fortuita y mucho menos descartable. Cada una de ellas contribuye al desarrollo de la acción y a la comprensión amplia de lo que está sucediendo: gracias a una cámara a ras de piso vemos unas piernas que desinflan con violencia y rabia una colchoneta. Una mujer contempla, imperturbable, videos porno mientras come golosinas. Esa misma mujer asombra a su interlocutor cuando exhibe una memoria inusual capaz de recordar las frases de los diálogos compartidos y la ubicación de cada una de ellas en la progresión histórica de sus intercambios. Una puerta vaivén refleja, como en un ir y venir, unas piernas que caminan. Una psicóloga que en interrogatorios pone nerviosos y hasta intimida a la mayor parte de los trabajadores con sus preguntas, repiquetea sus dedos en el escritorio, choca con los elementos que están sobre el escritorio y con  movimientos nerviosos se acomoda el cabello cuando el mismo interrogatorio lo hace a una persona cuyas respuestas exhiben seguridad e inteligencia.

Aún cuando pueda calificarse a En cuerpo y alma como una película de amor con ingredientes propios de los cuentos de hadas, aparecen trazos que también bosquejan aspectos sociales de Hungría, aunque, dicho sea de paso, no exclusivos de ella. Una investigación policial liviana de un delito se recompensa con paquetes de seleccionados y apetitosos cortes de carne. Los prejuicios afloran cuando en el espacio laboral hacen su aparición conductas y pensamientos diferentes, por lo mismo poco habituales o inexistentes hasta ese momento. En ese micromundo, el otro, el nuevo y distinto, parece amenazar la solidez de conductas y filosofías de vida institucionalizadas de aquellos que hace tiempo trabajan en el establecimiento. No pocas veces el machismo se manifiesta en las miradas o actitudes hacia las mujeres o en las conversaciones que sobre ellas mantienen los hombres entre sí. ¿hay en la película un reclamo tácito de la mujer contra la cosificación que sobre ella se ejerce en muchos aspectos y en particular en los asuntos amorosos? 

Cuando los tiempos se agotan y la pantalla se vuelve a teñir de rojo, la voz de Laura Marling canta

PerdónameNo puedo seguir aquíEl me cortó la lenguay no hay nada que decir¿Me quieres? Oh, no

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