PERFILES: Alessia Chiesa (Realizadora Audiovisual)

 

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Biografía de la directora

La realizadora estudió las carreras de Dirección y Dirección de fotografía en la Universidad del Cine en Buenos Aires. Realizó dos Masters en Estudios cinematográficos en la Université de la Sorbonne Nouvelle en Paris. Escribió y dirigió 5 cortometrajes que participaron en numerosos festivales internacionales (Huesca, Las Palmas, Côté Court, entre otros).

Filmografía

– 2018 El día que resistía (The endless day), largometraje.

– 2012 Cela ne s’est jamais passé (This Never Occured); cortometraje.

– 2008 L’exil (Exile); cortometraje.

– 2002 Palabras cruzadas (Crossword Puzzles); cortometraje.

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OPINA ALESSIA CHIESA

Sobre su película “El día que resistía”

La imaginación es una fuente inagotable de placer pero también de aprendizaje y de supervivencia. Tan real como el mundo externo que nos rodea, durante la infancia nos entregamos a ella sin censura. Al crecer, buscaremos establecer la frontera entre lo imaginario y lo real. La infancia quedará atrás como un tesoro olvidado conteniendo el misterio de su propio funcionamiento mágico.

Desde esta indiscernibilidad que persiste en los recuerdos de mi propia infancia, busqué explorar el enigmático mundo infantil a través de una premisa ambigua, pero con un extraño potencial de realidad, como el del cuento fantástico: tres niños en absoluta soledad sumergidos en una espera incierta y atemporal de sus padres ausentes.

Con esta película quise generar el contexto que me permitiera conectar el mundo infantil y la experiencia de cine. Quería aproximarme a la infancia de una forma que le permitiera a esta misma traspasar la pantalla con veracidad y autenticidad. Me obsesionaba la idea de hacer una película en la que los niños pudieran ser y expresar espontáneamente quienes eran. Esta era para mí la forma de acercarme lo más posible a transmitir un punto de vista infantil en la película.

Los niños me resultan criaturas fascinantes y misteriosas. En la antesala a su ingreso al mundo adulto con sus lógicas y reglas más o menos codificadas, ellos encarnan la imaginación y la creatividad en un estado “puro”, de libertad. Es como si hablaran otro lenguaje. Es este “otro lenguaje” al que quise acercarme y explorar.

Mis recuerdos también juegan un rol fundamental en la inspiración de esta película.

El desafío fue armar el encuentro de estos dos mundos: el de mi infancia, incompleto y nebuloso, pero con alto contenido de sensaciones y rastros sensoriales, y el mundo propiamente dicho de estos tres niños desconocidos con sus propias personalidades y su presente y realidad tan distantes a los míos. Yo venía con pedazos de una historia y mucha curiosidad, ellos, con su visión e interpretaciones de la misma y muchas ganas de jugar.

El relato se articula entonces de una forma que busca más que nada encarnar las sensaciones de lo que se cuenta – la espera, la repetición y la transformación sutil- desde la experiencia misma, tomando un camino que necesariamente nos aleja del funcionamiento de un guión tradicional claramente balizado, y más bien adoptando la forma elusiva del recuerdo y la supremacía de lo sensorial por sobre lo racional que caracteriza a la subjetividad infantil. Esta película no busca dar respuestas, sino generar el terreno propicio para que ciertas preguntas se disparen en nosotros en un universo que nos sumerge en las sensaciones e imágenes dormidas de nuestra propia infancia.

El rodaje era el lugar de encuentro entre los niños y el cine. Lo convertimos en una suerte de terreno de juegos en el que conversábamos, jugábamos a “hacer que” e intercambiábamos ideas sobre una historia que yo había previamente transformado en un cuento “infantil”, llevando con él las imágenes alegóricas y universales que marcan el desarrollo que cualquier niño, aquellas que nos atraen casi visceralmente y que aún hoy todos recordamos porque son parte de los relatos universales y mitos fundadores.

A través del juego y de la imaginación, emergía tanto la expresión natural de cada niño como los vínculos auténticos que se iban tejiendo entre ellos que sin conocerse, encarnaban imaginariamente los roles de una fraternidad compuesta por tres. La superposición entre los juegos y el acto de filmar daba pie y provocaba momentos espontáneos de actuación e improvisación.

Sin hoy poder determinar dónde termina uno y empieza el otro, estos momentos son creadores de la ficción, pero por sobre todo transmiten la magia y la intensidad de la experiencia híbrida de la que nacieron.

Cuando conocen las reglas del juego, los niños entran y salen de los mundos imaginarios de manera muy concreta, no se “internan” en sensaciones o sentimientos. Entonces son los personajes “ahora” y, de un momento al otro, ya no lo son. Este ida y vuelta es un mecanismo que conocen muy bien en su realidad cotidiana de juego. El acento de ese mecanismo está puesto en las acciones más que en la psicología.

Esto es, en definitiva, lo que hacen generalmente los niños cuando lidian con dificultades en la vida cotidiana: ponen a prueba diversas situaciones a través del imaginario en forma de juego lo que les ayuda a atravesar lo que están experimentando en su realidad.

El marco en el que se mueven los tres niños pareciera ser idílico, pero está rodeado de amenaza. Esto lo conecta con el universo de los cuentos infantiles como los de los hermanos Grimm y a su vez con una idea de la infancia.

De la misma manera, los niños son generalmente vistos por los adultos como adorables, graciosos e inocentes dejando muchas veces de lado la complejidad que los habita debajo de aquella apariencia. Quería que en la película se sugiriera más de un aspecto de esta complejidad.

El día que resistía representa el lado inimaginable oscuro de la infancia a través de un tono de extrañeza. Propone una mirada sutil y poco habitual sobre situaciones que generalmente se perciben banalmente y que hasta a veces pasan desapercibidas. Sumado a la fascinación, afabilidad y gracia que nos produce ver el funcionamiento de este mundo infantil, esta mirada los ubica en un lugar que nos hace sentir fuera de lugar, incómodos frente a ellos y su soledad, y por ende abre el terreno al cuestionamiento sobre la nuestra infancia pasada y el presente de nuestros hijos.

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