CULTURAS TRANSMEDIA: Perspectivas y entramados de poder-saber en el desarrollo y uso de las tecnologías. Por JIMENA A. COLTRINARI

A modo de realizar una aproximación a las distintas miradas que abordan las interacciones con las tecnologías, resulta imprescindible afirmar, siguiendo a Raymond Williams (1992), que las tecnologías son creaciones sociales concebidas en diversos contextos políticos, culturales y económicos, a partir de escenarios de luchas y negociaciones, donde se reconocen múltiples dinámicas de usos y apropiaciones, condicionadas por distintos marcos de conocimientos y saberes específicos.

Tanto las concepciones distópicas, conocidas como tecnofóbicas,  como las que postulan que las tecnologías ofrecen condiciones ideales de democratización e igualdad, denominadas tecnofílicas, son instrumentales: no vislumbran el espesor cultural de las tecnologías y los sentidos que circulan en las prácticas imbricadas. Los tecnofóbicos sostienen que las tecnologías son instrumentos que propician la deshumanización y la esclavización. Contrariamente, los tecnofílicos señalan que las tecnologías abren nuevos  horizontes, propiciando la liberación y la igualdad.

Se advierten visiones tecnofóbicas en producciones cinematográficas, contenidos extraídos de la literatura, composiciones musicales, entre otros.  Un ejemplo constitutivo de las mismas es la película Transcendence,donde se relata la historia de un prestigioso investigador que trabaja en la creación de una máquina sensitiva que combine la inteligencia artificial con las emociones humanas, representando el principal objetivo de extremistas tecnológicos, quienes se plantean la cuestión moral de si debe crearse o no esa máquina.

En contraposición, se rescata la mirada tecnofílica de Nicholas Negroponte (1995), en “El mundo digital”, donde argumenta, desde una mirada utópica, que las tecnologías abren espacios de democratización e igualación absolutas.

En el imaginario colectivo, están muy arraigadas nociones negativas sobre los usos y apropiaciones de las tecnologías, del estilo de: “las tecnologías dispersan, generando hábitos que perjudican la salud psicofísica”, “en mi infancia y adolescencia, disfrutábamos más al aire libre y no creábamos dependencia con la televisión o la radio, del modo que hoy se observa con las computadoras y los aparatos de telefonía móvil, con infinidad de servicios y alternativas ofrecidos”, “hoy es más fácil preparar un examen o trabajo práctico, ya que podemos acceder a todo tipo de contenidos multimediales. Antes, teníamos que comprar libros y apuntes o consultar en las bibliotecas, de manera que para formarse había que transitar caminos de aprendizaje más complejos”, “hoy se dialoga cada vez menos cara a cara, plataformas y aplicaciones de las redes sociales y otros entornos median nuestras comunicaciones”, “recibir una carta por correo postal tenía algo mágico y especial, con el correo electrónico se perdió la emoción”, entre otras percepciones.

En menor medida, encontramos visiones positivas sobre los vínculos con las tecnologías: “los avances tecnológicos y científicos abren nuevos y auspiciosos horizontes para la humanidad”, “los medios de comunicación digitales han permitido derribar las barreras de las distancias geográficas”, “hoy podés acceder a todo tipo de servicios desde la comodidad de tu hogar, a través de dispositivos de televisión por cable o satelital, computadoras, teléfono móvil, entre otros. Además, con tu celular tenés la posibilidad de conectarte a múltiples servicios desde cualquier sitio”, entre otras significaciones.

Para evitar caer en reduccionismos y falsas generalizaciones, no se debe perder de vista el análisis de los procesos de usos y apropiaciones de las tecnologías que articulan los públicos/usuarios/receptores/lectores/consumidores reconociendo que están atravesados por condiciones y marcos de conocimientos teórico-prácticos, historias personales, experiencias, preferencias, códigos, accesibilidad, recursos económicos, entre otras dimensiones, que se configuran en redes de luchas y resistencias, y, a su vez, en puentes alternativos. Asimismo, cabe remarcar, tal como se detalla en las líneas sucesivas, que en las altas esferas de poder, donde los grupos hegemónicos capitalizan bienes simbólicos y materiales, se toman decisiones políticas potenciadas mediante competencias, herramientas y saberes específicos que repercuten, con múltiples implicancias, en diversos ámbitos.

En concordancia con lo expresado anteriormente y distanciándose de la Teoría Instrumental, que ve a las tecnologías como neutrales y carentes de contenidos valorativos propios, y de la Teoría Sustantiva, que afirma que, según sus principales exponentes, Jacques Ellul y Martin Heidegger, “la tecnología constituye un nuevo tipo de sistema cultural que reestructura el mundo social entero como un objeto de control”, Andrew Feenberg (1991) desarrolla una Teoría Crítica de la Tecnología, donde deja en claro, complejizando e iluminando el debate en ámbitos políticos, económicos, sociales, entre otros, que “la degradación del trabajo, la educación y el medio ambiente no tienen sus raíces en la tecnología per se, sino en los valores antidemocráticos que gobiernan el desarrollo tecnológico. La racionalidad tecnológica se ha vuelto racionalidad política”.

Según la Teoría Crítica, “los códigos técnicos” transfieren valores e intereses en reglas, procedimientos y aparatos que motorizan la búsqueda de poder y beneficios para la hegemonía dominante. En este sentido, Feenberg advierte que “una política democrática de la tecnología ofrece una alternativa y supera la relación destructiva del industrialismo moderno con la naturaleza tanto en los derechos humanos como en el medio ambiente”.

Con la intención de profundizar los abordajes planteados, se puede extender un paralelismo con la composición “Caballo de fuego” de Pedro Aznar, donde el músico ilustra un escenario apocalíptico sobre los peligros de la inteligencia artificial y la ambición desmedida, a través de contundentes frases como: “dice la ciencia que no hay que temer toda frontera se debe vencer”, “dice la historia que toda creación la hemos usado en nuestra destrucción”, “hay tanto en juego, tanto que ganar corriendo ciegos queriendo alcanzar una utopía sin limitación, vida infinita, más que la del sol”, “la evolución se podrá acelerar qué precio estamos dispuestos a pagar”, entre otras, posicionándose a la par de Feenberg en lo que respecta a la necesidad de basar el desarrollo tecnológico en valores democráticos que respeten a la vida humana y al medio ambiente.

A su vez, es posible vincular la canción de Aznar con las “creencias sobre la sociedad del riesgo y la literatura de la antiutopía” desarrolladas por Daniel Cabrera (2004), en “La matriz imaginaria de las nuevas tecnologías”. En dicha obra, se hace un recorrido por distintos sucesos históricos y significaciones, planteando que la antiutopía es considerada como una alerta sobre el destino del camino en el que se encuentra la humanidad: el progreso de la técnica no implica necesariamente el progreso de la humanidad. Además, en lo referente a la categoría imaginaria del riesgo, se señala que “el desarrollo científico y técnico se hace contradictorio por el intercambio de riesgos, por él mismo coproducidos y codefinidos, y su crítica pública y social”.

De todos modos, Cabrera se separa de los imaginarios sobre las tecnologías basados en el riesgo, la ideología y la utopía/antiutopía, sosteniendo que “las tecnologías son imaginario social instituido e instituyente de la sociedad contemporánea”.

Por su parte, John B. Thompson (1998), en “Los media y la modernidad”, arroja luz sobre los entramados de poder-saber tejidos por los actores que ocupan posiciones dominantes en reconocidas instituciones, contando con grandes recursos a su alcance para tomar decisiones y delinear objetivos con implicaciones de largo alcance. En este punto, es pertinente relacionar sus apreciaciones con la obra de teatro Doble o Nada, representada por Miguel Ángel Solá Paula Cancio en el teatro La Comedia, donde se evidencian situaciones de abusos de poder, chantaje y espionaje en un importante medio de comunicación, entretejidas por dispositivos tecnológicos y entornos digitales.

Siguiendo con las conceptualizaciones de Thompson, se puede agregar que el ejercicio del poder ostentado por autoridades políticas y religiosas -los líderes empresariales y de otros espacios hegemónicos también deben contemplarse- siempre estuvo inclinado a la verificación y el control de la información y la comunicación, como se observa en el rol desarrollado por los escribas y el papel de las distintas agencias y organizaciones de nuestra actualidad.

Aunque las indagaciones y los análisis en torno a, en términos de Cabrera, las “sociedades tecnológicas y tecnologizadas” son inagotables, es preciso poner un ancla en el presente texto y sugerir exploraciones posteriores que continúen reflexionando sobre las resistencias, tácticas y astucias desplegadas por los actores, de forma individual y colectiva,  que no tienen injerencia en los ámbitos y las lógicas donde se legitiman acciones y se toman decisiones políticas y estratégicas sobre el desarrollo, las aplicaciones y los avances en los universos de la ciencia y las tecnologías. 

Bibliografía y referencias consultadas:

-Aznar, Pedro Aznar (2016). “Caballo de Fuego”. Contraluz (CD).

-Cabrera, Daniel H. (2004). “La matriz imaginaria de las nuevas tecnologías”. Comunicación y Sociedad. Vol XVII. Núm. 1

-Feenberg, Andrew (1991). “Teoría crítica de la tecnología” en Revista Hipersociología.

-Rueda Ortiz, Rocío. (2012) “Ciberciudadanías, multitud y resistencias” en Lago Martínez, Silvia  (comp); Ciberespacio y resistencias; Hekht Libros, Bs. As.

-Scolari, Carlos. (2008). De los nuevos medios a las hipermediaciones. Hipermediaciones. Elementos para una Teoría de la Comunicación Digital Interactiva, Barcelona, España.

-Thompson, John B. (1998). Los media y la modernidad. “Una teoría de los medios de comunicación”.

-Ugarte García, D. de (2007) El poder de las redes. Manual ilustrado para
personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo, Barcelona,
España.

-Williams, Raymond (1992). Historia de la Comunicación. Vol 2. Bosch, Madrid. Cap. 4 “Tecnologías de la comunicación e instituciones sociales” Capítulo 4: “Tecnologías de la comunicación e instituciones sociales”.

-Transcendence (2014, Wally Pfister)

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