RINCÓN CINÉFILO: “Robert Bresson” por Alejandro Cilento

Es difícil hablar y más aún fundamentar el cine de Robert Bresson. Pero, paradójicamente, es más fácil llegar a unas conclusiones finales.  Creo que en esto radica su mayor éxito. Esto se debe principalmente al tipo de cine que él bien llamaba’ cinematografía’ .

Tengo muchas cosas para expresar sobre sus obsesiones, temáticas, formas de representar, etc. Pero también siento que nada de lo que se diga de Robert Bresson llene esos vacíos de nuestra mente, vacíos que merman a causa de nuevos sentimientos que anulan cualquier tipo de inquietud o intriga intelectual. No obstante trataré de elaborar una especie de mapa que de una idea de cómo Robert Bresson llega a causarnos esos sentimientos.

Robert Bresson nos quiere transmitir algo muy profundo; esto se encuentra claro que en sus cuatro films: Diario de un cura rural, Un condenado a muerte se escapa, Mouchette y Pickpocket. Tanto es así, que solo llamándonos la atención de una manera que nunca hayamos visto ni oído, sería el único camino para que esto se concrete.

Por eso no usa artilugios, no usa la estética como disparador, más bien la manera de como lo transmite lo transforma en una nueva belleza estética. No usa golpes bajos. El mensaje nos lo va transmitiendo de una manera muy simple con extrema austeridad de medios sin distraernos de entrada en el cómo.

Podemos decir que Robert Bresson nos quiere mostrar una nueva forma de sentir el mundo por eso en los films mencionados los “pseudos” protagonistas (creo que el gran protagonista es el mensaje que nos dejan sus films) son personas sufridas, solitarias, ignoradas por el mundo que los rodea.

Siguiendo con lo dicho, el uso de su técnica con planos a objetos, planos cortados que no terminan de definirse entre primerísimo, primer o plano americano, a las manos que toman real protagonismo, la inmutabilidad de los rostros, el uso de los silencios, las escenas que empiezan y terminan inhabitadas, hace que todas estas cosas tomen relevancia tanto como a la altura de los personajes.

Sin dar por sentado nada, con todas las herramientas mencionadas nos empieza a hablar a través de un nuevo lenguaje, un lenguaje con vida propia con herramientas que conocimos pero no de esta forma. Por ej. El uso del sonido de los objetos intercalado con las imágenes a modo de compas, musicalizando la escena como lo hizo en Pickpocket en la secuencia del robo cometido por Michel y sus cómplices en el tren o el acompasado ritmo entre imágenes cortadas de las trampas los silencios y el sonido de las liebres pisando la hierba en la escena del cazador en Mouchette.

También opino que la manera de trabajar de Robert Bresson me hace pensar en films dentro de films, pequeñas historias que en sí parecen obvias o a veces sacadas de contexto historias que le da un comienzo y un final con fundidos a negro pero que toman otra relevancia con las escenas en las que se encuentran. Sería como un rompecabezas a veces explicito y otras sugerido conformado no solo por las escenas sino por su contenido como lo moral, la religión, la fe.

En “Un condenado…” un alambre y un trozo de tela pueden ser en principio unos simples objetos pero que al filmarlos tan artesanalmente no solo se transforman en una simple herramienta para una fuga. Es más bien una acción que encadena a otra y a otra, como eslabones de una cadena que lo guían en su obsesión la fe en sí mismo, en su libertad.

Cuando hablamos de personajes sufridos, solitarios, incomprendidos no solo lo sabemos por sus rostros y su accionar, también por los lugares en donde se encuentran. Pequeños cuartos más que humildes, oscuros, nos da la sensación de encierro en ellos mismos y sus dudas, sus temores, su desasosiego en la vida. Rara vez los vemos liberados en su mente y su contexto. Aún así sabemos que son valientes. En “Un cura rural…” cuando al cura lo llevan en moto, podemos sentir el viento y la luz que inundan su cara descomprimida por un instante. O en Mouchette con los autos chocadores o al momento de elegir de que manera terminar con su angustiante vida “jugando”.

En “Un cura rural…” el cura tiene una lucha interna muy grande, entre lo que siente, su fe, lo que debería sentir y lo que ve a su alrededor. Es una dicotomía compleja, ya que una cosa es peor que la otra. Sabe que cualquier decisión o camino que pueda tomar será un martirio igual. Y así lo fue tanto con su superior como con la condesa. Por eso pone su cuerpo, se somete, lo vemos en penumbras, encerrado, maltratando su cuerpo encuentra su liberación en su sacrificio su única salida.

R.B. nos muestra sus acciones sin suspenso con una voz en off y escribiendo el diario al mismo tiempo, no se preocupa que sepamos de antemano que va a pasar, el nos lo presenta de varias maneras, eso no es lo principal no es lo más importante. Lo que inmediatamente nos surge no es el “como” sino de que manera el padre podrá salir de esa situación. Buscamos junto al padre una salida. Eso es lo vital.

Con todos estos medios Robert Bresson nos presenta un lenguaje poético, aún cargado de desolación de principio a fin. Nos muestra algo pero nos dice otra cosa, nos hace reflexionar. Nos hace comprometernos no solo como público sino como personas. Nos inunda con silencios, con planos a simples pero no menos importantes objetos, manos trabajosas, a las caras de sus “modelos” inexpresivos en primera instancia. Nos quiere despojar de sensacionalismos fáciles.  El quiere deshacerse de todo lo que nos distraería o nos alejara de lo que nos quiere decir. El sabe que cuando descubramos el tema de fondo todo el resto tendrá su debida relevancia y mucho mas aún.

Sus films no son meramente dramas el verdadero drama de los temas de Bresson son el conflicto interior: la lucha contra uno mismo. Sus personajes no dicen ¿por qué me pasa esto? No se victimizan, son conscientes de su situación y luchan para encontrar una salida.


Como conclusión sobre Robert Bresson puedo decir que el usa todos las herramientas a su alcance así sea eliminándolas o minimizándolas a la mínima expresión para transmitirnos el sufrimiento de esas personas anónimas, desafortunadas, negadas y maltratadas por el resto del mundo de la manera más pura posible. Es un mensaje muy importante y tiene que llegar como una verdad, pura sin hipocresía ni manipulada.

Esa verdad que duele, de personas que existieron existen y existirán, pero lejos de ser un mensaje pesimista, creo que por antagonismo obligado al final encontramos una respuesta favorable. En medio del desasosiego en el que quedamos al contemplar sus historias, como una flor de loto surge del pantano, emerge en nosotros la respuesta al posible mensaje de Bresson.

Al ver, escuchar y sobre todo sentir los pesares y necesidades de las historias que nos cuenta Robert Bresson automáticamente nos surge desde nuestro interior a modo de socorro palabras como; compasión, solidaridad, empatía son justamente estos sentimientos los que carecen en la historia. Ya no podemos ignorar, ya sabemos algo que quizás ni imaginábamos y si lo sabíamos ahora lo sentimos. Lo que nos llevaría quizás meses, años o una vida entender el nos lo muestra en un rato de manera poética, haciendo arte, cinematográficamente.

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