RINCÓN CINÉFILO: “Michelangelo Antonioni” por Alejandro Cilento

Un análisis de Michelángelo Antonioni luego de haber visto La Aventura, La Noche, Blow Up y Zabriskie Point.

Leí que lo llaman el pintor del cine, pero yo lo llamaría el intérprete del lenguaje en el cine. Tres etapas diferentes sobresalen en su cine, con un tema que las atraviesa a todas: el lenguaje. Podría decir que en ‘La Aventura’ y ‘La Noche’ existe la incomunicación entre el hombre la mujer, como géneros opuestos sin dejar de lado la sensualidad de las imágenes pero también por un nuevo mundo que no satisface y abruma.

‘Blow Up’ es un llamado de atención al motor que acciona nuestras creencias, a nuestra interpretación de nuestra realidad, de lo real, de la verdad. En Zabriskie Point quedan expuestas las pocas herramientas que quedan en un mundo que ahorca, un mundo externo más global, con un lenguaje visual aturdidor que aplasta las individualidades.

Lo que atraviesa sus tres etapas y es un sello característico del autor es lo hipnótico y la contemplación en la cual quedamos atrapados. También puedo identificar que Michelángelo Antonioni parte su film en dos partes más allá del tradicional modo narrativo que todos conocemos (simplificándolo en 3 partes: introducción, nudo y desenlace). El presenta una idea, a los personajes y un contexto, esto sería la primer parte. La segunda parte reubica a los personajes en otro lugar, otras intenciones, sería como otro film.

Por ej., en ‘La Aventura’ aparecen en una isla y de pronto están buscando a su amiga que ha desaparecido, esto  podría abarcar toda la trama y el film pero el autor coloca esta primera etapa como algo casi anecdótico, algo que nos descoloca pero que es indispensable para pasar a la segunda parte del film, donde todo toma mayor relevancia. En esta última parte aparecen las reacciones y los daños colaterales que sufren ahora los protagonistas.

En ‘La Noche’ los personajes comienzan en un hospital visitando a su amigo moribundo, luego pasan a una presentación del libro de Giovanni y el desinterés de este evento de su mujer Lidia, pero de pronto el film pasa a una segunda etapa totalmente diferente cuando los sitúan a Giovanni y su esposa en una fiesta en donde él termina conociendo a Valentina la hija del anfitrión y ella a uno de los invitados, dando un nuevo contexto y sentidos de los personajes.

En ‘Blow U’p pasa igual; de un deambulador y egocéntrico fotógrafo con su mundo superficial a las fotografías que nos lleva a un posible asesinato y todo lo que conlleva este episodio. En ‘Zabriskie Point’ vemos una primera parte que es caos por donde se lo mire en una gran ciudad a una segunda etapa donde por diferentes circunstancias casi sin querer terminan amándose en un desierto.

A pesar de atravesar por una etapa neorrealista, su entorno, su época y su búsqueda lo hicieron centrarse en otros aspectos tanto históricos político-socio-culturales como en la técnica cinematográfica. La guerra había pasado y la nueva sociedad construida no es lo que se esperaba o si lo era no cubría las inquietudes de las personas, ésta corre a otro ritmo que sus habitantes sin importar sus individualidades.

En el neorrealismo italiano, el propio escenario formaba parte del lenguaje de lo que se quería transmitir, pero transmitir la incertidumbre, el hartazgo o la angustia existencial es otra cosa. Esa angustia existencial a veces de una burguesía ociosa, caprichosa, insatisfecha, lo tienen todo y no tienen nada, en un mundo sordo y demandante.

¿Pero cómo lograr transmitirnos todo esto? Es acá donde veo en Michelángelo Antonioni su mayor éxito, el uso de la técnica lo es casi todo, transmitir el vacío, el desasosiego. Una nueva forma, un nuevo lenguaje cinematográfico. El uso de tiempos muertos en ‘La Aventura’ fue chocante para la época, pero creó un nuevo cine, un cine moderno que junto a otras técnicas se siguen usando hoy día.

El uso de la fotografía, los encuadres a veces casi abstractos, nos sacan de nuestro confort para inquietarnos a tal punto de no entender la correlación con lo que está sucediendo en pantalla. Hace muy buen uso de la profundidad de campo mostrándonos esos vacíos acordes al contexto, pero tampoco abandona los primerísimos primeros planos, besos, caricias, los cabellos.

Se sale de la narración tradicional, no podemos saber hacia dónde va la historia, la incertidumbre es una constante y funciona como lenguaje y mensaje.  El no saber que están pensando los personajes ya sea porque hablan poco o nada o por sus rostros inexpresivos o no acordes con lo que acostumbramos a ver.  He aquí parte de ese lenguaje y su mensaje. Nos transmite de forma certera las sensaciones y ese desasosiego ya no es solo de los personajes.

Nos muestra una ciudad apabullante, un lenguaje masivo opresivo que está siempre presente, desde rascacielos, arquitectura moderna, aristas eternas y punzantes, un entorno aplastante que asfixia, como la marea de marquesinas y publicidades en ‘Zabriskie Point’. Creo que el entorno habla más que los personajes, es lo que nos pone en alerta desde el primer minuto. Es como un suspenso insoportable, de ahí entendemos lo que las personas de la historia están sintiendo. Los protagonistas tampoco lo son tanto, creo que quedan opacados por nosotros, Michelángelo Antonioni logra incluirnos en el relato y quizá por eso nos cueste encontrar fácilmente el hilo narrador.

Desde ya que la pintura abarca todos los films, Michelángelo Antonioni es pintor y toma a la pintura como disparador del lenguaje, el color lo usa como un buen colorista, hay una especie de sinestesia entre la cámara y su fotografía, sus planos y travelling, hay un silencio pero es aturdidor. La relación de ‘La Aventura’ y ‘La Noche’ con la pintura metafísica por ej. Con los planos a las afuera de la iglesia cuando buscan en un pueblo cercano a Anna, la abstracción con ‘Blow Up’ no solo en la pintura explicita de su amigo pintor sino el uso del papel que usan como fondo de fotografía y luego quedan revolcados por el mismo las dos modelos que visitaban el estudio, o el pop art en ‘Zabriskie Point’ es evidente, en casi todos las escenas donde podemos identificarnos con las obras de sopa Campbell de Andy Warhol haciendo referencia a un mundo consumista, arte consumista.

El decía que ‘más que cineasta’ se sentía un ‘paleontólogo’…iba cavando y descubriendo objetos, que luego uno debería a modo de investigador de un caso policial ir uniendo las partes para resolver el misterio y/o mensaje. Esto aclara su forma de trabajar y de hacer cine, conocedor de pintura, fotografía, poesía, sociología, política y filosofía, va ingresando estas herramientas como ramas de tal forma que luego no se puedan ver por separado sino que hacen un todo final.

Creo que a Michelángelo Antonioni le interesaba como era afectado el hombre en un ambiente determinado ya sea por lo cultural, humano, político y social, todos los agentes externos etc. El mostrarnos como eran manipuladas las herramientas o las posibilidades del individuo en sí y su accionar en la sociedad. Por eso el ímpetu en lo externo, que es visible, es audible, es palpable, es protagónico. El hombre queda vagando, aturdido, confuso, fuera de su eje.

La crítica de Michelángelo Antonioni a todo esto queda bien expuesta y toma mayor relevancia en ese desasosiego que sentimos al finalizar el film. No es un cine fácil de digerir porque, en definitiva, es coherente con el mensaje.

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