PERFILES: María del Pilar García de Vega (Artista Plástico)

 

Mi expresión a través de este medio lleva 5 o 6 años. Se originó casualmente una noche mientras charlaba con un amigo sobre el modo injusto en que se remunera el trabajo en el rubro gastronómico del que somos parte. Tenía a mano una revista y empecé a visualizar combinaciones entre las imágenes. Lo que comenzó como un juego me término atrapando. Busqué una madera que tenía por ahí y continúe recortando y montando el que luego sería mi primer collage.

“El pan nuestro de cada día” es un alegato contra el sistema económico mundial. La imagen más contundente en mi opinión es la niña regordeta con un diminuto niño que padece físicamente las consecuencias del hambre. Estos contrastes se pueden encontrar en la etapa inicial que revela y se rebela contra estas injusticias. Fue un proceso que fue transformándome también a mí. Cada situación que emocionalmente me afectaba ya no explotaba dañándome ni afectando mi estabilidad. Impresionaba y era -y es- mi motor para crear. La implosión se vuelve expresión y esa creación es la metáfora de mi proceso.

Primero visualizo una combinación de imágenes o que el contorno de estas sea similar al material que será la base que puede tratarse de piedras lajas azulejos madera o latas que encuentro en la calle y reciclo con este fin. Luego la tarea de encontrar o mejor dicho ser encontrada por las piezas que van a componer la historia. La pasión por la destrucción es también la pasión creativa. La obra emerge de ese caos como un remolino de imágenes fragmentadas que son los pedazos de lo que emocionalmente estoy sintiendo. Y al recortarlas las libero para que dejen de representar una historia y cuenten la mía. Así logro rearmar lo que me sucede.

El arte surge del desorden interno, de los remolinos emocionales de la tempestad anímica. Es la representación de la creación universal donde la explosión primigenia crea el universo. El arte no puede generarse en la paz porque la paz es quietud y la quietud es muerte. El arte incomoda, revela aquella zona oscura que no queremos ver. El proceso creativo es iluminar esas sombras y verlas cara a cara, para que ya no nos torturen.

 

Mi expresión a través de este medio lleva 5 o 6 años. Se originó casualmente una noche mientras charlaba con un amigo sobre el modo injusto en que se remunera el trabajo en el rubro gastronómico del que somos parte. Tenía a mano una revista y empecé a visualizar combinaciones entre las imágenes. Lo que comenzó como un juego me término atrapando. Busqué una madera que tenía por ahí y continúe recortando y montando el que luego sería mi primer collage.

“El pan nuestro de cada día” es un alegato contra el sistema económico mundial. La imagen más contundente en mi opinión es la niña regordeta con un diminuto niño que padece físicamente las consecuencias del hambre. Estos contrastes se pueden encontrar en la etapa inicial que revela y se rebela contra estas injusticias. Fue un proceso que fue transformándome también a mí. Cada situación que emocionalmente me afectaba ya no explotaba dañándome ni afectando mi estabilidad. Impresionaba y era -y es- mi motor para crear. La implosión se vuelve expresión y esa creación es la metáfora de mi proceso.

Primero visualizo una combinación de imágenes o que el contorno de estas sea similar al material que será la base que puede tratarse de piedras lajas azulejos madera o latas que encuentro en la calle y reciclo con este fin. Luego la tarea de encontrar o mejor dicho ser encontrada por las piezas que van a componer la historia. La pasión por la destrucción es también la pasión creativa. La obra emerge de ese caos como un remolino de imágenes fragmentadas que son los pedazos de lo que emocionalmente estoy sintiendo. Y al recortarlas las libero para que dejen de representar una historia y cuenten la mía. Así logro rearmar lo que me sucede.

El arte surge del desorden interno, de los remolinos emocionales de la tempestad anímica. Es la representación de la creación universal donde la explosión primigenia crea el universo. El arte no puede generarse en la paz porque la paz es quietud y la quietud es muerte. El arte incomoda, revela aquella zona oscura que no queremos ver. El proceso creativo es iluminar esas sombras y verlas cara a cara, para que ya no nos torturen.

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