FICCIONES – “LAPACHOS EN PRIMAVERA”, por Mercedes Mauricio

Le gustaba la primavera, le gustaba ver como el sol iluminaba las plantas. Por eso todos los  días que volvía del colegio se paraba en la casa  de Doña Rosa y veía el gran árbol de Lapacho que tenía en la puerta.

No sabía que era, pero había algo en ese lapacho que la dejaba asombrada. ¿Será su altura, su color? ¿Será que le recuerda su juventud o que está cerca de su hogar?

El recorrido al colegio era siempre el mismo, 3 cuadras por la calle Belgrano. Las casas que habitaban las calles eran antiguas. Puertas y ventanas grandes. Sabía que estaba cerca del colegio cuando veía en la esquina de Belgrano y Monteagudo, el almacén de Julio. Y sabia que se acercaba a su hogar cuando veía a su amigo Lapacho, ahí en su esquina, esperándola colorido.

Doña Rosa sabia que ella pasaba todos los días por ahí, así que a veces salía a la puerta y la saludaba. Julio también era su amigo, por eso a veces le regalaba un paquete de galletitas para que se lleve al colegio.

Era un pueblo tranquilo Vendaval, de esos que se conocen todos los vecinos. Allí en la calle Belgrano, se encontraba la plaza, alrededor de esta, estaba la iglesia y la municipalidad. Muchas veces salían del colegio y se quedaban hablando en la plaza o comiendo algo con sus amigos. No importaba a qué hora o si era de día o de noche, siempre pasaba a saludar a su amigo lapacho.

Su padre tenía una ferretería, su madre era ama de casa. No tenía hermanos, por eso consideraba a sus amigos como si fueran de su sangre. Su familia tenía una vida modesta, tranquila. Los domingos paseaban por la laguna o en algunas ocasiones visitaban parientes en pueblos aledaños.

Pero por los días de primavera había algo que la preocupaba. Pronto terminaría el colegio y no sabía qué hacer. Podía trabajar con su padre u en otro lado, o podía irse a estudiar a Buenos Aires. Paso muchos días pensando, hablando con su amigo lapacho. Lo que más le preocupaba era, si tomaba la decisión de partir, dejarlo. Concluyo que en Buenos Aires podía estudiar acerca de lo que tanto amaba, los arboles, y así aprender más sobre su amigo.

La escuela termino y el momento de partir llego. Se despidió de su amigo, lo abrazo muy fuerte. Con una leve sensación de que quizás no lo vería mas.

10 años han pasado, otra vez es primavera. Y aquí estoy sentada a los pies de mi amigo, escribiendo estas palabras. En la casa de doña Rosa vive otra familia, pero él se mantiene igual. De alguna manera siempre supo que iba a volver.

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