COLUMNA DE OPINIÓN – “Entidades de bien público sin fines de lucro” (I). Por ALBERTO ALBA

A nadie escapa que la misión esencial de las instituciones es la generación de ámbitos adecuados y propicios en los cuales niños, jóvenes y por qué no los adultos, puedan desarrollar actividades deportivas, sociales y culturales, todo ello sin perjuicio de servir de contención a grupos de tercera edad.

Por ello subyace en todas ellas el propósito de procurar y difundir en sus esferas de actuación la incorporación de valores éticos-sociales que, en muchos casos podrá llevar a cambiar la historia personal de los destinatarios de aquellos cometidos dando origen a la toma de conciencia acerca de las responsabilidades que les caben en y ante la comunidad.

– Una radiografía del presente.

A la hora presente esas entidades, en general, atraviesan una compleja situación por la conjugación de diversos factores.-

Ante la falta de un Estado que, como lo hiciera otrora, las amparaba e incluso las promovía, hasta el observador más poco avisado advierte sin esfuerzo que lentamente se las está llevando hacia un paulatino desamparo olvidándose que conformaron con el tiempo, y aun lo hacen a pesar de las dificultades por las que atraviesan, una formidable red de contención social.

A esos fines, basta tener presente el achicamiento y debilitamiento que en aquellas se ha operado a expensas del mercado en los años 90 y la privatización de los servicios públicos pero, especial y superlativamente por la falta de una coherente normativa protectoria.

Estas entidades sin fines de lucro, son de neto corte social, realizan tareas en beneficio de la comunidad que las alberga, cuentan con Personería Jurídica y reconocimiento de los organismos municipales.

Tal fuerte tejido comunitario elaborado durante años por esforzados y abnegados voluntarios, que donaran y aún donan horas de su tiempo recibiendo como único estipendio, en el mejor de los casos, nada más que el reconocimiento gratificante de los vecinos ha llevado adelante o suplido actividades que debería haber realizado el estado.

Los ingresos con que tienen en el mejor de los supuestos, y cuando es percibida, se reducen a una exigua cuota societaria que, en la mayoría de los casos sólo basta para cubrir los gastos mínimos indispensables, ya que mayoritariamente no cuentan con otros recursos genuinos, llámense subsidios del estado o empresas privadas, circunstancia que lleva a sus dirigentes a utilizar permanentemente su ingenio y creatividad para permitirles subsistir.

– Las soluciones que se reclaman.

El sintético análisis que antecede nos obliga a pensar que para que las Instituciones funcionen dignamente y continúen con su tarea de formación de jóvenes, contención de adultos y la unión de la familia, necesitan imperiosamente que el estado no se desligue de su responsabilidad social, procediendo a la implementación de un régimen protectivo, sin tantos requerimientos como lo hace en la actualidad.-

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