Acerca de Revista Cultural SIETE ARTES

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NOTA EDITORIAL:

¿Porqué escribimos?

‘Why I Write’, un ensayo de George Orwell

Puro egoísmo

El deseo de parecer inteligente, de que se hable de él, de ser recordado después de la muerte, para ganar de adultos a los que le desairaron en la infancia, etc, etc. Es una patraña fingir que esto no es un motivo, y uno poderoso. Los escritores comparten esta característica con científicos, artistas, políticos, abogados, militares, hombres de negocios con éxito -en fin, con toda la corteza superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no son extremadamente egoístas. Después de los treinta años abandonan casi del todo la noción de que son individuos -y viven principalmente para otros, o simplemente se ahogan bajo la servidumbre. Pero también hay una minoría de personas con talento, voluntariosos que están decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Los escritores serios, debo decir, son en general más vanidosos y egocéntricos que los periodistas, aunque menos interesados en el dinero.

El entusiasmo estético

La percepción de la belleza en el mundo externo, o, por otra parte, en las palabras y su correcta disposición. Placer en el impacto de un sonido a otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de una buena historia. El deseo de compartir una experiencia que uno siente es valioso y no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchos escritores, pero incluso un panfletario o un escritor de libros de texto tendrán palabras y frases favoritas, que apelan a él por razones no utilitarias; o siente poderosas sensaciones sobre la tipografía, el ancho de los márgenes, etc. Por encima del nivel de una guía de trenes, ningún libro está libre de consideraciones estéticas.

El impulso histórico

El deseo de ver las cosas como son, de averiguar los hechos verdaderos y almacenarlos para el uso de la posteridad.

El propósito político

Usando la palabra “política” en el sentido más amplio posible. El deseo de empujar al mundo en una dirección determinada, de alterar la idea de los demás sobre la clase de sociedad a la que deben aspirar. Una vez más, ningún libro está realmente libre de sesgo político. La opinión de que el arte no debería tener nada que ver con la política, es en sí misma una actitud política.

Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor. Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías. .

George Orwell, 1946


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